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Raúl anuncia mano dura: «No habrá impunidad para los enemigos»

En su discurso ante la Asamblea Nacional, tranquiliza a la minoría ultrarrepresiva que gobierna Cuba

Día 04/08/2010
«No habrá impunidad para los enemigos de la patria, para quienes intenten poner en peligro nuestra independencia», afirmó ayer el presidente cubano, el general Raúl Castro. Era la primera vez, en un discurso ante la Asamblea Nacional, en que hablaba públicamente del proceso de excarcelaciones de opositores detenidos en la represión de 2003. Raúl añadió: «La revolución puede ser generosa porque es fuerte».
Al parecer, entre esos «enemigos de la patria» se encuentra Reina Luisa Tamayo, la madre de Orlando Zapata Tamayo, el disidente cubano que falleció en la cárcel el pasado 23 de febrero, víctima de los malos tratos. Según la periodista cubana Caridad Caballero, en conversación telefónica ayer con ABC, «a esa madre, las turbas paramilitares la están maltratando, golpeando». Caballero afirmó: «No le permiten ni siquiera que vaya a misa el domingo, a rezar por su hijo». Estaban empleando la agresión física, contra ella y contra quien pretendiera ayudarla, como le había ocurrido a la misma Caridad Caballero en la localidad de Holguín, donde reside Reina Luisa Tamayo.
Las palabras de Caballero eran claras: «Se ha recrudecido la represión contra los opositores. Especialmente en la zona oriental del país, no se esconden para hacerlo. Tendrían que venir representantes de la Iglesia católica y periodistas occidentales, aquí a Holguín, para ver lo que está sucediendo».
En la primavera de 2003, un grupo de 75 cubanos fueron condenados en juicios sumarísimos a penas desde 6 hasta 28 años de prisión, acusados de «conspirar» con los Estados Unidos, de «atentar» contra la independencia del Estado y de «socavar» los principios de la revolución. A esas personas, cuyo único «delito», en realidad, era discrepar del régimen castrista, Raúl los llamó ayer «reclusos contrarrevolucionarios». La anciana madre de Zapata Tamayo, comenta Caridad Caballero, entra, para el jefe del Estado de Cuba, en ese cupo; para Raúl es una peligrosísima «contrarrevolucionaria» que no debe ni salir de casa.
El hermano de Fidel mintió ayer de nuevo: «Ninguno de estos ciudadanos —dijo— fue condenado por sus ideas, como han tratado de hacer ver las brutales campañas de descrédito contra Cuba, en diferentes regiones del mundo. Como quedó probado de manera irrefutable en el acto del juicio oral, todos habían cometido delitos previstos y sancionados en nuestras leyes, actuando al servicio del gobierno de los Estados Unidos y de su política de bloqueo y subversión».
Comentaba a ABC ayer Caridad Caballero que eso no se lo creía ni el propio Raúl. Además, los hermanos Castro no hubieran movido un dedo para amnistiar a presos si no se hubiera producido una repulsa mundial contra la deleznable dictadura cubana, en especial, tras la muerte de Orlando Zapata.
Hasta el economista Óscar Espinosa Chepe, que aplaudía otros aspectos del discurso de Raúl, como el anuncio de cierta actividad económica privada y la contratación «libre» de la fuera laboral, se horrorizaba por la insistencia castrista en seguir llamándolos «reclusos contrarrevolucionarios».
Más pesimista que Espinosa, y probablemente más acertado, es otro disidente, Elizardo Sánchez. Ayer dijo a ABC por teléfono: «No habrá ningún cambio significativo en Cuba mientras sigan al frente los Castro, que gobiernan para el grupúsculo dominante, que no necesita reformas». La tímida apertura anunciada ayer por Raúl recuerda a la «perestroika» del ex secretario general del partido comunista húngaro, Janos Kádar, en los años ochenta del pasado siglo. Fíjense si el mundo ha cambiado desde entonces. Pues Cuba sigue a la altura de la Hungría del primer Kádar.
Elizardo Sánchez es contundente: las recientes apariciones de Fidel son un «símbolo del poder totalitario. En todo momento ha estado al mando. Y su camisa verde olivo es la escenografía que se reitera, un mensaje tranquilizador para la minoría ultrarrepresiva que gobierna en Cuba».
La verde olivo, sin galones
Aunque siempre hay espacio para la vanidad. Hacía notar ayer a ABC el periodista Reinaldo Escobar que a Fidel no le ha debido sentar nada bien que su hermano no le mencionara en su discurso a la Asamblea, y a Raúl tampoco le debe de haber gustado que Fidel no hable «de lo bien que lo está haciendo su hermano». Por otra parte, era casi lamentable que la camisa verde olivo de Fidel no portara sus típicos galones de «comandante en jefe». ¿Se lo había prohibido Raúl? ¿Le habían prestado la camisa? Hasta esos detalles se valoraban ayer en La Habana, como cuando en la época de la URSS los «kremlinólogos» se fijaban en el color de los calcetines de los miembros del Politburó.
Sobre Obama, Raúl se mostró desilusionado. La razón, según Elizardo, es que «espera que la comunidad internacional le facilite en todo la vida y él, a cambio, no hacer nada».
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