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Mujeres ricas, «docu-lujo» en tiempos de crisis

Día 23/08/2010 - 12.07h

Dinero, caprichos y sobre todo mucho glamour. La televisión de la opulencia se ha instalado en nuestras pantallas

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«Soy caprichosa y hago lo que quiero». Mariana Nannis, mujer del ex futbolista Claudio Caniggia
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«El arte me persigue». Mar Segura, esposa de un constructor de Almería
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Dos hermanas muy unidas. Rebeca y Nuria Collado, separadas, «viven la vida loca»
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Dos hermanas muy unidas. Rebeca y Nuria Collado, separadas, «viven la vida loca»
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Yo no pregunto el precio de las cosas. Cuando quiero algo lo quiero ya», afirma Mar Segura con una actitud que hace honor a su apellido. Comprar un cuadro de Miró se convierte en una prueba de vida para la bella almeriense. Primero revuelve nerviosa los armarios buscando la prenda adecuada para la ocasión: «Con éste vestido hago juego con el Miró, seguro que su color estrella es el amarillo», afirma. Existe un flechazo entre ella y la obra: «El arte me persigue. Un Miró no lo puede hacer nadie más que un Miró», comenta emocionada.

El marido, que observa la escena entre ausente y atónito, será el encargado de recordarle que no puede tener todo lo que quiere: «Lo que pasa es que te molesta que me compre dos cosas importantes para mí», sentencia Mar con su mejor puchero, también encaprichada con un abrigo de la diseñadora Elena Benaroch. La televisión de la opulencia se ha instalado en la pantalla española. «Mujeres ricas», el «reality» que retrata la vida de lujos y caprichos de Mar Segura y otras cuatro mujeres con alto poder adquisitivo, se ha convertido en el programa más visto de La Sexta después de los deportes y en el mejor estreno de su historia.

Tal fue el éxito que el canal prepara una segunda temporada y prohíbe a sus damas hacer declaraciones. En tiempos de crisis, otros programas y personajes llenos de glamour también aprovechan el furor de la riqueza, como «¿Quién vive ahí?», de la misma cadena, en el que orgullosos propietarios muestran sus fabulosos hogares, o el ya finalizado «Casadas con Hollywood», en el que cuatro españolas mostraban su soñado estilo de vida por las exclusivas calles de Beverly Hills. La moda refinada también ha llegado a Telecinco, que estrenó el pasado jueves «Las joyas de la corona», un nuevo «reality» en el que doce jóvenes aprenderán a «comportarse» en sociedad con la ayuda de Carmen Lomana.

Jordi González, presentador del espacio, sabe cómo describir la clave del nuevo ciclo: «Me hace mucha gracia la combinación surrealista de pijas y chonis, gente con mucho mundo con gente que no ha subido nunca a un avión», bromea. Cuatro, por su parte, prepara «Callejeros»: «Viajeros de lujo», una versión «deluxe» del exitoso programa de la cadena, en el que ricos y famosos españoles viajarán a sus ciudades favoritas en el mundo, de la mano de Nati Abascal. Mientras tanto, el canal no descarta una nueva edición de «Casadas con Hollywood»... El «docu-lujo» llegó para quedarse.

Sadismo de doble circulación

Una de las claves de «Mujeres ricas» está en los personajes. Son dos, sin lugar a dudas, las que hacen las delicias del espectador: Mar Segura, la apasionada andaluza amante de la moda, el arte y las fiestas, quien comenzó a vivir una vida de lujos de la mano de su esposo constructor, y Mariana Nannis, la polémica esposa de Claudio Caniggia, reconocido ex futbolista de la época de Maradona. Al elenco se le suman Olvia Valére, francesa, dueña de una importante discoteca en Marbella, quien comparte hogar junto a su actual marido y su ex esposo, y las hermanas Collado, dos madrileñas recién separadas amantes de los coches deportivos y ansiosas por conseguir un nuevo ligue.

Mariana Nanis, la excéntrica argentina que confesó haber gastado cinco millones de euros en ropa y que se compra las prendas por partida doble, parece querer más a sus catorce gatos que a su futbolista (los mininos lo han desplazado del lecho conyugal) y oscila entre la frivolidad, el sarcasmo y la lucidez de una forma sorprendente.«Soy caprichosa y hago lo que quiero»; «Yo no me compro ropa de Zara» o «A mi hija le gusta vestirse como un putón», son algunas de sus frases célebres. Ya lo decía Katharine Hepburn: «Muéstrame una actriz que no sea una personalidad y te mostraré una actriz que no es una estrella».

El cine y la tele-realidad se parecen más de lo que creemos. Siempre nos ha maravillado la riqueza y la opulencia. Pero mientras en el pasado nos moríamos de envidia ante las deslumbrantes casas de la revista «¡Hola!», ahora nos divierten las «celebrities» que hacen de si mismas un espectáculo deprimente (Lindsay Lohan, Amy Winehouse...), u optamos por revistas que nos muestran su celulitis y sus malavenidas cirugías. Hoy preferimos decir «¡Arg!» en lugar de «¡Wow!». Hoy preferimos la burla.

Como señala Cristina Santamarina, socióloga experta en consumo, en «realities» como «Mujeres ricas» hay una «intencionalidad de parodia que busca conectar con una audiencia sádica, que aúna admiración y desprecio. Se trata, en definitiva, de un sadismo de doble circulación», sentencia. «Me gusta ser sexy», dice Charlotte, la hija adolescente de Mariana Nannis, cuyas mayores preocupaciones en la vida parecen ser hacerse las uñas y practicar «pole dancing». Pero es ella también quien se ríe cruelmente de los hábitos de consumo de la clase media, burlándose de una amiga que usa ropa de Bershka.

A la burla se le suma ese desparpajo tan presente en la televisión. «Lo cómico se ha convertido en un imperativo social», señala el filósofo Gilles Lipovetsky: «El neo-nihilismo es humorístico». Una «atmósfera cool», un «humor lúdico», que se ríe de todo pero no transforma nada.

La moralina televisiva

Blasi Ciudad es una empresaria española residente en Los Ángeles que participó en «Casadas con Hollywood». Su breve paso por la televisión parece no haberle dejado muchas satisfacciones, a juzgar por el rotundo «no» con el que cierra la posibilidad de volver a participar en otro «reality». «Yo soy una empresaria y no me han enfocado así. No quería que se me presentara como una persona que ha hecho dinero en Estados Unidos por estar con alguien rico, pero, por lo visto, lo que la gente quiere ver es que cualquier mujer puede llegar a otro nivel económico por el mero hecho de casarse», sostiene Blasi, quien atiende al teléfono mientras toma sol en la piscina de su mansión en Beverly Hills.

Por lo general, el rol de la mujer en estos programas va unido a un concepto moderno de Cenicienta. Como subraya Santamarina, «la idea es que a la riqueza se llega por azar, por la diosa fortuna, no por el trabajo o el esfuerzo». Es por eso que salvo en algunas ocasiones (Olivía Valére sería una de ellas) las féminas que aparecen en estos programas no son ricas patrimoniales sino caprichosas y mundanas mujeres, amparadas por las fortunas de sus maridos.

Aunque pueda resultar cínico que el lujo invada las televisiones en tiempos de penurias económicas, lo cierto es que los programas como «Mujeres ricas» cumplen una función terapéutica: sirven para sentirnos mejor con nosotros mismos. Nos permiten soñar con lo que no tenemos y, al mismo tiempo, experimentar un sentimiento de superioridad a través de la posibilidad de juzgar, del arbitrio moral. Esperanza Martín, directora de programas de La Sexta, parece tener una visión diferente: uno de los secretos del éxito del programa, señala, reside en la «ausencia de intención y en su capacidad de entretener sin juzgar». «Me he estudiado todo el currículum de Miró», replica Mar Segura en un último intento de convencer a su marido de que le compre el cuadro… No podemos evitar una media sonrisa.

«Hoy cualquiera puede ser una celebridad»

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