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Columnas / AD LIBITUM

¡Multas, más multas!

Produce cierto rubor que el Ministerio del Interior necesite la infracción de los conductores para sobrevivir

Día 30/07/2010
PARECE ser que, en estos días en que unos van y otros vienen de vacaciones, los miembros de la Guardia Civil con responsabilidades de Tráfico mantienen una «huelga de bolígrafos caídos». Vigilan y actúan, previenen y socorren, pero no sancionan. La modernidad les quitó el sable que les dio el Duque de Ahumada, su fundador, y el disgusto laboral y la escasa retribución —por señalar, Alfredo Pérez Rubalcaba— les han privado de las ganas de echar mano al talonario de las denuncias y, con sentido de la disciplina y el deber, no desatienden su tarea, pero tienden a hacer la vista gorda y a perdonar a los infractores los puntos y los euros que merecen su negligencia o su temeridad. Durante el mes de junio de este año, con respecto al del año anterior, las multas han decaído en unas 4.000 al día. Idéntica funcionalidad, pero escasa rentabilidad recaudatoria.
El trabajo de un ministro de Interior es el más duro y difícil de todos cuantos integran las competencias del Gobierno y, entre las muchas miserias que debe asumir y soportar, no es la menor la escasez de recursos con las que le dota el Presupuesto. Aún así, no deja de producir un cierto rubor cívico que el Ministerio del Interior necesite la infracción de los conductores para sobrevivir con las multas y sanciones que puedan imponérseles. A tal punto llega el despropósito que Rubalcaba, la mejor de las cabezas del Gobierno de Zapatero, defiende con la serenidad y solvencia con que un profesor de Química les enseña a sus alumnos la Tabla de Mendeleyev, que la «productividad» de los agentes de la Guardia Civil puede y debe medirse y premiarse en función de las multas que impongan.
Se cuenta que Severiano Martínez Anido, en los años veinte, cuando ocupó el sillón en el que ahora se sienta Rubalcaba, llegó a tener un incidente verbal, de café, con César González Ruano porque éste se atrevió a decir que las chicas que Rafael de Penagos dibujaba para Blanco y Negro eran más delgadas y estilosas, más atractivas, que las de Robert Martínez Baldrich. Pintoresco suceso. Más todavía si se tiene en cuenta que Baldrich, que así se firmaba, era su hijo y su secretario en el Ministerio. Por ahí anda lo de Rubalcaba. La confusión entre el acto de multar y la actitud protectora y vigilante de la seguridad vial es de parecida envergadura a la rabieta de su lejano predecesor en el cargo. Incluso entendiendo la penuria presupuestaria a que nos ha llevado la torpeza del Gobierno en que se integra, es menospreciar a la Guardia Civil. Equipararla a los vigilantes de los aparcamientos de pago que tanto perturban la vida ciudadana.
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