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Columnas / FUERA DE MICRÓFONO

¿De qué se ríen?

Zapatero reconoce que gobierna sin la confianza de los españoles, y eso produce risa a los diputados socialistas

Día 19/07/2010
FUE más o menos así. En el último debate el presidente hace la réplica a Rajoy y le dice: mire, yo reconozco que he perdido confianza, pero convendrá conmigo que usted no está tampoco para tirar cohetes. Fue decir eso y una parte de la bancada socialista rompió en carcajadas. Entonces me pregunté: ¿Y éstos, de que se ríen? Ante la falta de una respuesta que explicara la razón por la que algo que a mí me entristece a otros les produce risa, caí en la cuenta de que éste es el estado de mi país: unos ríen y otros lloran ante un mismo acontecimiento. ¿Cómo hemos llegado a esto? Probablemente como Chaves Nogales cuenta que llegó un banderillero a gobernador civil: degenerando. Degenerando unos políticos que viven para agradar al jefe, que a su vez les agrada a ellos manteniéndolos en las listas. Degenerando los electores, que votamos con una pinza en la nariz sin apreciar que ese gesto es el mismo que mueve al diputado a reír majaderías presidenciales.
Los partidos son máquinas engrasadas para el poder, no para la democracia. Aparatos en los que no cabe el diputado inteligente, reflexivo, discrepante y provocador. Y nosotros somos reflejo de eso. Zapatero reconoce que gobierna sin la confianza de los españoles —el 80 por ciento dice el CIS—, y eso produce risa a los diputados socialistas. Da un no se qué preguntar a esta gente qué creen que es la democracia. Viendo el último debate sentí la misma sensación que me embarga cuando voy al cine y veo una película en versión original. Corto de inglés, me molesta comprobar que mi vecino de butaca se ríe y no sé por qué. ¿Estaremos viendo la misma película, me pregunto? Y respondo: no, él está viendo la buena. Así fue el debate del estado del país, que el de la Nación sospecho que ha de ser otro. Los ciudadanos vemos una Nación, los diputados otra, y en el caso del PSOE, varias.
El CIS afirma que los dos presidentes socialistas más valorados son Barreda y Fernández Vara. Ambos han articulado un discurso propio que permite creer que están antes los ciudadanos que el partido. De los dos se espera que digan si la película que vemos les produce risa y o tristeza. Son valorados porque ríen cuando hay que hacerlo. Ahora, y ante la deriva nacionalista catalana que debilita a la Nación, tienen la oportunidad de decírnoslo: O una risa pastueña o un gesto que diga: Vale compañeros, dejemos ya de jugar con las cosas que no tienen repuesto. Que le digan a Zapatero que vive en un imposible, ese que te permite gobernar entre desconfiados. ¿Cómo es capaz de hacerlo? ¿Cómo se lo consienten? Las dos respuestas producen pena en algunos y carcajadas en la bancada socialista. Espero que no sean muchos.
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