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El KGB ya no es lo que era

La URSS era un lugar muy chapucero. Pero las cosas que hacían bien... las hacían bien de verdad

Día 05/07/2010
La URSS era un lugar muy chapucero. Pero las cosas que hacían bien... las hacían bien de verdad. Sus espías, por ejemplo. Nada que ver con los patéticos aficionados a los que el FBI acaba de echar el guante. La formación de un topo llevaba diez o más años en los que el agente incorporaba su segunda personalidad a la propia. El método Stanislawski aplicado al espionaje. El KGB cuidaba hasta el menor detalle la perfecta historia fabricada para sus agentes. Invertía años en pulir el acento del idioma aprendido por su topo. Y se las ingeniaba para encontrar a su agente un empleo clave en la Administración del país infiltrado.
Tras la caída de la URSS, Putin se afanó en recuperar aquel viejo KGB. Pero la red de espías aficionados descubierta en EE.UU. muestra que ni siquiera el viejo «kagebista» puede ir contra el espíritu de los tiempos. Estos nuevos espías son, a su manera, reflejo y consecuencia de la nueva Rusia. Tenían —¡cómo no!— página en Facebook, donde la Mata Hari de la red, Anna Chapman, colgaba sus fotos más sexys. Vivían sin dar ni golpe en acomodados barrios residenciales. Se anunciaban como «cazatalentos» financieros y gente de influencia en el mundo de la empresa. Y explicaban a la casa madre que necesitaban tener en propiedad un chalé adosado, porque «donde fueres haz lo que vieres». Nunca encontraron un empleo en el gobierno infiltrado y no parece que jamás hayan espiado nada. Pero se dieron la gran vida a costa del contribuyente ruso. Así son los nuevos topos de la nueva Rusia. Putin pensará que hace 4o años los habrían fusilado a todos. Pero sería más práctico que pensase: ¿Para qué quiere topos la nueva Rusia? ¿Qué topos son esos que sueñan con tener en propiedad un chalé en un barrio residencial de Nueva Jersey y colgar sus fotos más sexys en Facebook?
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