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Dos políticas económicas

Llega el jueves la reunión del G-20 con las posiciones divididas. Los americanos insisten en la expansión fiscal. Los europeos hablan de consolidación de las cuentas públicas

Día 22/06/2010 - 04.42h
Llega el jueves la reunión del G-20 con las posiciones divididas. Los americanos insisten en la expansión fiscal y en la reforma del sistema financiero y se oponen al impuesto a la banca. Los europeos hablan de consolidación de las cuentas públicas y no son muy partidarios de la reforma financiera más allá de la retórica populista. ¿Realmente estamos ante dos formas de ver el mundo? No lo creo. Todo es mucho más prosaico. Estamos ante dos realidades económicas diferentes, dos momentos cíclicos distintos y dos necesidades coyunturales opuestas.En Estados Unidos han saneado ya su sistema financiero. Les ha costado mucho dinero pero no tienen más cadáveres en el armario, quizás algún banco pequeñito pero irrelevante en términos macro. Por eso se atreven a seguir tirando del gasto público. Por eso y porque el indiscutible liderazgo del dólar como moneda de reserva les permite despreocuparse de la financiación. Han demostrado además que son capaces de revertir drásticamente el déficit cuando es necesario, porque tienen un presupuesto mucho más flexible y porque responde a medidas coyunturales no repetibles, one-off en la terminología de los economistas.
En Europa, la situación es otra. El salvamento del sector financiero apenas ha comenzado. Solo la semana pasada se decidió que las pruebas de estrés de los bancos se publicarían en julio. Exigirá nuevas necesidades de recapitalización y sin duda la aportación de fondos públicos. La deuda pública aumentará y si le añadimos las incertidumbres institucionales que van a seguir amenazando el futuro del área euro y la resistencia política a ajustar déficit que son esencialmente estructurales, la financiación no está garantizada. Esa es la realidad que explica la urgencia de la consolidación fiscal y la voracidad de los gobiernos europeos que buscan simular los nuevos impuestos —a la banca, a las nucleares, a los ricos— como estrategias anti crisis cuando no son más que el producto de la inercia mental de los europeos.
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