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Columnas / AD LIBITUM

Los manirrotos del poder

España es un dislate en el gasto público. Mírese en la dirección que se quiera, salta la liebre manirrota

Día 12/06/2010 - 06.14h
AQUÍ, en España, lo real es casi siempre imaginario o, cuando más, algo dudoso e impreciso. A lo largo de los siglos, y no siempre por las buenas, nos hemos ido acostumbrando a ver lo que no miramos, escuchar con oídos ajenos, palpar con guantes, oler de espaldas y paladear sin criterio: efectos negativos de la poca educación y el mucho descanso que nos sirven como indicadores de conducta colectiva. Por eso es más real en nuestras vidas Hannah Montana que María Teresa Fernández de la Vega y Elena Salgado, las dos juntas. No es el triunfo de la imaginación, sino la consecuencia de la prioridad contemplativa —tan perezosa, tan estéril— que le hemos dado a nuestras vidas. Montana nos viene dada por Disney Channel y las vicepresidentas son un efecto colateral, y no necesariamente deseado, del voto a José Luis Rodríguez Zapatero, el hombre que convierte a los pobres en parados y a los ricos en pobres. Una lumbrera.
A partir de esa confusión entre lo real y lo fantasioso nos pasa lo que nos pasa y, especialmente, con cuanto afecta al Presupuesto. Ayer se publicaba en estas páginas que el Gobierno, después de congelar las pensiones, autorizó una aportación de 1'4 millones de euros de la Seguridad Social para la formación de sindicalistas en Iberoamérica. Aparte de que nuestros hermanos del otro lado del mar no han hecho nada tan perverso como para merecer el castigo de un sindicalismo clónico del que aquí encarnan especímenes tales que Cándido Méndez o Ignacio Fernández Toxo, ¿está el horno para esos bollos o somos víctimas de otro espasmo de la prodigalidad gubernamental típica del zapaterismo?
España, en el todo y en sus diecisiete porciones, es un dislate en el gasto público. Mírese en la dirección que se quiera, salta la liebre manirrota. En Castilla-La Mancha, por ejemplo, las Cortes Regionales acaban de aprobar —con la abstención del PP, algo es algo— un aval de 140 millones de euros para el Aeropuerto de Ciudad Real, uno de esos proyectos megalómanos y ruinosos que tanto gustan en las Autonomías. El aeropuerto es una ruina inviable y enterrar en él, sobre los más de 1.000 ya derrochados, otros 140 millones no tiene más explicación que el encubrimiento de quienes financiaron una pintoresca iniciativa privada con dinero público. Ya se llevaron por delante la Caja de Ahorros que lleva el nombre de la Autonomía y, de seguir así, terminarán con todo el patrimonio, incluso el espiritual, de la Región. Incluidos Don Quijote, Sancho, Dulcinea y el mismísimo Plinio, imaginario jefe de la Policía local de Tomelloso. No es que gasten con más o menos justeza, es que destrozan.
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