Su abuelo Alfonso le enseñó el amor por la tierra en el manchego Brazatortas; vio la doble discriminación de la mujer rural y determinó darle luz y voz. Esa es su lucha
Carmen Quintanilla: «Mil mujeres del campo tomarán Santiago»
-5 millones (el 15% de la población española) son mujeres rurales. Muchas, para ser invisibles.
-Pero nos olvidamos con demasiada facilidad de que hay 14 millones de personas en el medio rural, el 87% del territorio. Además, el mundo agrícola y ganadero pierde peso en nuestra economía, donde la renta agrícola ha disminuido un 27% en los últimos seis años y el relevo generacional no lo lideran las mujeres, que no ven atractiva una explotación cuyos productos, como el centeno, el maíz o la cebada, no se ponen en valor, a precios de hace treinta años, y donde un chivo de seis kilos se vende a treinta euros.
-¿La crisis, doble dentellada?
-Agricultores y ganaderos, pilar del mundo rural, viven una situación agonizante. A la crisis general suman la del sector. Es imprescindible cambiar de estrategia, defender a nuestros agricultores y ganaderos en Europa, no como hasta ahora, y cambiar la mentalidad para creernos el desarrollo rural y sostenible que hay pendiente. Ahí las mujeres son clave.
-Pero el éxodo continúa. Los pueblos se quedan desiertos...
-Envejecen, se despueblan y se mueren. Tenemos mujeres jóvenes mejor formadas que nunca, y son las primeras en huir de ese mundo rural que las vio nacer, para buscar trabajo en el medio urbano. Sin embargo, nuestros estudios revelan que volverían si tuvieran empleo. Y es que el pilar fundamental de la igualdad es el trabajo, y cuando las mujeres lo tienen deciden sobre sí mismas. Luego, hay otra generación soporte, de 40 a 65 años, que soporta el vivir en el medio rural, que no quiere que sus pueblos se sigan deshabitando y que son esas mujeres que educan a sus hijos, cuidan a sus mayores, colaboran con sus maridos en las explotaciones y mantienen un pequeño comercio o bar. Un compromiso serio por la igualdad de oportunidades los salvaría.
-Hace 28 años fue pionera en esta batalla. ¿El gran cambio?
-Las mujeres rurales hoy quieren ser protagonistas de su propia historia. Rompimos su invisibilidad y hemos logrado llevar formación a la carta a 8.000 pueblos de España. Desde turismo rural a diversificación de actividades complementarias en agricultura y ganadería, la han recibido 11.000 mujeres en el último año. Hay que darles herramientas para que sean protagonistas, no como en 1982, cuando los sindicatos agrarios daban formación a los hombres a partir de las 9 de la noche y allí no existían las mujeres. Vi a ministros, uno tras otro, para que eso cambiara, hasta que en 1996 una ministra entendió que eso no podía seguir así.
-¿Loyola de Palacio?
-Fue crucial.
-El viernes tomarán Santiago de Compostela.
-Casi mil mujeres estarán en la asamblea nacional de Afammer «Mujer y desarrollo rural: nuevas necesidades, nuevas oportunidades». Tras el debate, vestidas con los trajes regionales de nuestras comunidades, entraremos en la Plaza del Obradoiro para asistir, a las seis, a la misa del peregrino.
-A las ministras Chacón y Aído les va a dar un alipori.
-¿Porque no queremos renunciar a nuestras raíces cristianas ni culturales, al origen de Europa en este camino lleno de peregrinos de todas las ideologías? Yo al Santo le voy a pedir que nos ayude.
-Y que las libre de la progresía.
-A mí me da igual lo que digan. Lo que importa es que solo con palabras no se progresa, y con nuestro curso de auxiliar de geriatría tenemos una bolsa de empleo de treinta mujeres. Y Lucita tiene su casa rural en Burgos a pleno rendimiento, y Maica ha puesto en marcha una explotación agrícola ecológica... Ese el futuro: menos historias y más trabajar.

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