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Archivo / MUNDIAL DE SUIZA 1954

El Mundial que se le escapó a «Pancho» Puskas

Alemania venció en la final del Campeonato del Mundo de Suiza al mejor combinado húngaro de la historia

Día 21/06/2010 - 13.03h
El «milagro de Berna» dejó a una de las mejores selecciones de todos los tiempos sin el premio de ganar un Mundial. Hungría, capitaneada por Ferenc Puskas, llegó al Campeonato del Mundo de 1954 como máxima favorita al título. Sin embargo, la selección de Alemania Feral consiguió remontar en la final dos goles húngaros y se reivindicó en el panorama futbolístico internacional.
AGENCIAS
Puskas marcó el primer tanto de la final
Alemania acabó venciendo la final por tres goles a dos
agencias
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Fue la primera victoria alemana después de la II Guerra Mundial. Antes de llegar a la decisiva final, Hungría sumaba 28 partidos sin perder y, además, había logrado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki. La selección estaba capitaneada por Puskas, uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol. Daba igual que camiseta se ponía «cañoncito Pum» : fuese con la zamarra de su país o la del club de sus mayores éxitos, el Real Madrid, suponía una garantía de gol. El Mundial de Suiza fue, sobre todo, un homenaje al gol. Se marcaron 140 tantos en 26 partidos. Hungría lideró la clasificación goleadora con 27 dianas en tan sólo cinco encuentros.
Los jugadores de Hungría eran conocidos como «los mágicos magliares», y desde el primer partido dejaron claro su potencial. Corea del Sur, que debutaba en la Copa del Mundo, perdió 9-0 con los magliares con hat-trick incluido de Kocsis, la otra estrella del combinado húngaro. Tres días más tarde Hungría goleó 8-3 a Alemania Federal, que reservó a su equipo titular, en un partido en el que se lesionó Puskas. En cuartos de final esperaba Brasil, la otra gran favorita del campeonato. Fue el encuentro más bronco de todo el Mundial. Acabó con la victoria húngara (4-2) «en un partido lleno de incidentes» sobre el césped y con golpes, puñetazos y peleas en los vestuarios.
Superado el escollo de Brasil, el último obstáculo para los húngaros antes de la gran final eran los uruguayos, campeones en 1950 e invictos en la historia de la Copa del Mundo. Uruguay había llegado a las semifinales tras vencer en todos sus partidos y eliminar a la selección inglesa. Como pasaba en Hungría con la lesión de Puskas, Uruguay no podía contar con su mejor jugador, Obdulio Varela. En teoría, las fuerzas estaban igualadas, pero los húngaros volvieron a demostrar su superiodidad gracias al doblete de Kocsis en la prórroga. Los días previos a la final, los periódicos concedían «pocas probabilidades a Alemania frente a Hungría».
La gran final
El estadio de Wankdorf en Berna acogió el gran partido el 4 de julio de 1954. Como sucediera en la final de Brasil, la selección favorita cayó derrotada en una decepción histórica y, a la vez, un milagro para Alemania Federal, que acudió a la Copa del Mundo con una selección casi amateur. El partido, disputado bajo una intensa lluvia, comenzó con superioridad de los húngaros, que se adelantaron gracias a los tantos de Puskas y Czibor. Los alemanes, técnicamente inferiores, se animaron entre ellos para remontar el marcador aunque fuese por medio de un milagro. Y lo hicieron. Max Morlock y Helmut Rahn empataron en diez minutos.
Hungría sufría el desgaste físico de las anteriores eliminatorias, y los alemanes sacaron a relucir toda su fortaleza física en un terreno de juego cada vez más pesado por culpa de la lluvia. En el descanso, Sepp Herberger, seleccionador alemán y autor de máximas como «el balón es redondo, el partido tiene una duración de noventa minutos, todo lo demás es pura teoría», exigió a su equipo no ceder «ni un milímetro» tras la reanudación. Los ataques de Puskas, Czibor o Hidegkuti se estrellaban una y otra vez con la defensa alemana, que actuó como una muralla en la segunda parte. A seis minutos del final, Helmut Rahn aprovechó un balón suelto marcar el gol más célebre de la historia del fútbol alemán. Todo pudo haber cambiado si el árbitro de la final, el inglés William Ling no hubiera anulado otro gol de Puskas a unos segundos del final del partido, pero en Berna nació una selección capaz de ganar en cualquier torneo a base de fortaleza y sacrificio.
En el año 2003, Sonke Wortman llevó al cine «el milagro de Berna». La historia, que como telón de fondo explicaba la reconstrucción de Alemania tras la II Guerra Mundial fue un éxito entre el público alemán, que volvió a disfrutar con aquella final en la que Helmut Rahn volvió a colocar al país en lo más alto.
Llegada de la televisión
La Copa del Mundo fue por primera vez televisada en 1954 para disgusto de varios periodistas. A mediados del siglo pasado no eran pocos los que advertían de que la llegada del nuevo medio de comunicación supondría la desaparición de aficionados en las gradas y, en consecuencia, del deporte rey. En total se televisaron ocho partidos en la primera incursión del campeonato en la televisión, elemento clave en el fútbol moderno. De todas formas, en aquella época la radio seguía siendo el principal medio para vivir el la Copa del Mundo. Cerca de 60 millones de alemanes vivieron la final de Berna a través del transistor. Por primera vez, el Mundial de fútbol fue televisado en varios países.
Si la televisión fue el elemento más moderno de aquella cita, todo lo contrario fue la manera de que la selección española se quedó sin jugar el Mundial. España y Turquía empataron en la última eliminatoria antes de acceder al Mundial. La manera de desempatar de la FIFA era otro partido de desempate en terreno neutral. En el estadio Olímpico de Roma, las selecciones finalizaron el partido con un 2-2 que no resolvía nada. A falta de penaltis, la FIFA resolvió esta situación con un sorteo. Los nombres de las selecciones se introdujeron en un sobre y Franco Gemma, un inocente niño de apenas 10 años, fue sacó el nombre de Turquía.
La FIFA decidió incorporar por primera vez en un Campeonato del Mundo, un dorsal a las equipaciones oficiales de las selecciones nacionales. El campeonato de Suiza fue testigo también del estreno de la nueva equipación de Brasil, que comenzó a utilizar los colores verde y amarillo tras el «Maracanazo», y de la despedida de Jules Rimet, que dejó su cargo después de aquel campeonato y fallecería dos años más tarde.
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