FOTO: JOSEFINA BLANCO / VÍDEO: PATRICIA GARDEU
De Homero a Sánchez Adalid
“Aunque rompimos sus estatuas, aunque los expulsamos de sus templos, no por eso murieron del todo los dioses”, escribe Konstantinos Kavafis, uno de los principales poetas de la literatura griega. Grecia no es sólo sus dioses, es también sus libros. El autor de «Los milagros del vino» recomienda para viajar a Grecia el libro «Alexias de Atenas», de Mary Renault. Es una opción. Hay otras. Desde la «Iliada» de Homero hasta la reescritura que hace de su obra Alessandro Baricco. Desde la «Historia de los griegos» de Indro Montanelli hasta la «Antología de cuentos griegos» que seleccionó Natividad Gálvez. De la «Orestiada» de Esquilo a la «Antígona» de Sófocles. Desde los poetas Yorgos Seferis y Odiseas Elytis hasta el novelista Emmanuíl Roidis. De Lord Byron («Diario de Cefalonia y otros escritos») a Javier Reverte («El corazón de Ulises»). Autor, éste último, que señala «El coloso de Marousi» y los libros de viajes de Lawrence Durrell como esenciales a la hora de abordar la Grecia literaria. Volviendo, eso sí, siempre a «La Odisea». «Ahí está el alma de la Grecia eterna», anota Reverte.
Actualizado Lunes , 31-05-10 a las 20 : 33
Hasta lo alto del Acrocorinto llega el embrujo de Eos, hetera de la Diosa Afrodita. Aunque de los mercados y los templos griegos apenas si se conserva alguna piedra. Corre viento y el mar Jónico intenta abrazar al Egeo. Veinte periodistas y un escritor, Jesús Sánchez Adalid, inician allí, a 7 kilómetros de la Corinto moderna, un viaje. Una peregrinación que simula la de Podalirio, personaje protagonista en la novela que el escritor presenta en el corazón del Peloponeso, Grecia.
El libro, «Los milagros del vino» (Editorial Planeta), está ambientado en la Grecia del siglo I d.C. Los veinte periodistas y el escritor han viajado desde Madrid a Atenas para sumergirse en los mismos escenarios donde se desarrolla la acción. Podalirio, un sacerdote de Asclepio, el Dios griego de la medicina, ve tambalear sus ideas politeístas tras la llegada a Corinto de San Pablo, que le hablará de un hombre, hijo de un solo Dios, crucificado veinte años atrás y resucitado tres días más tarde.
La primera parte del libro se desarrolla en el Peloponeso; la segunda, en Jerusalén. El viaje es clave en la obra de Sánchez: «El hombre está aquí de paso, está en cambio constante, por eso, en esta novela, el viaje es una metáfora del paso del tiempo y de la traslación de una circunstancia a otra». Y añade: «Escribir es también en cierto modo una peregrinación, porque uno tiene que salir de sí mismo para encontrarse con algo, que luego confluye cuando uno se encuentra con sus lectores.»
El escritor alcanzó el éxito con sus novelas «El Mozárabe», de la que vendió medio millón de ejemplares y de la que tiene prevista una reedición revisada, y «El alma de la ciudad», premio Fernando Lara. Pero además, muchos de sus lectores son también sus feligreses. Sánchez es párroco en Alange (Badajoz), y asegura que, aunque al principio le costó más, ya ha aprendido a compaginar sus vocaciones narrativa y religiosa.
Eso sí, insiste en que, a pesar de su condición de cura, sus libros no son religiosos: «La espiritualidad es la conclusión, pero porque se muestra que en el mundo griego ya estaban preconfigurados los ideales del cristianismo».
Dos años ha tardado en escribirla. Sánchez consideraba que el mundo griego estaba olvidado: «Sólo aparece para contar batallitas. No se habla del pensamiento, que fue y sigue siendo muy importante para nosotros. Yo pensaba que con una novela podría llegar a la memoria colectiva, al pensamiento del hombre contemporáneo», explica. Pero para recrearlo, tuvo que documentarse mucho: «Esta novela requería que leyera y me especializara en su filosofía y su mitología».
Igual le sucede a cualquier autor que llegue hasta aquí dispuesto a desvelar los misterios de un país que, lleno de olivos y cabras –como la que le dio de comer a Zeus–, no tiene ningún lugar donde el mar esté a más de 100 kilómetros.
«Los griegos inventaron Occidente»
El escritor Javier Reverte conoce bien Grecia. La describe en «El corazón de Ulises». De ella le interesa todo: «Es una cultura fascinante y yo sigo leyendo sobre ella y releyendo los textos de sus clásicos. Lo inventaron todo: la lengua escrita, la filosofía, la literatura, la democracia, la ciencia..., inventaron Occidente.»
En Corinto, el Templo de Apolo está solemne a pesar del viento que se levanta traspasando la historia. Columnas y estatuas sin cabeza, fuentes y dioses como Poseidón, famoso por su belleza, por su mal carácter y porque todos sus hijos se dedicaban a martirizar a los mortales. La serpiente acompaña a Asclepio y Grecia huele a mar y a literatura. Un mar lleno de erizos que invita al primer baño del verano, y una literatura llena de evocaciones. Alguien lee: «Ir a pie a Epidauro es como caminar hacia la creación. No se busca nada más, no se pide nada más. Las palabras, si se pudieran pronunciar, se convertirían en melodía». Quien cita, no recuerda al autor. «Los milagros del vino» nace de «Homero, Ovidio, Virgilio, el antiguo y el nuevo Testamento, el libro de los macabeos...», escribe el párroco novelista.
La cultura clásica sigue habitando en la Grecia de hoy. Los periodistas llegan al teatro griego de Epidauro, lugar donde Podalirio aprendió que los demonios se quitan envolviendo en pieles a las personas, y donde el viajero que llega en la paz de la tarde contempla uno de los pocos teatros originariamente griegos que se conservan. Con tan buena acústica que si lanzas al suelo una moneda se oye en los escalones más altos.
«El hombre quiere llegar a ser Dios»
Podalirio marchará a Jerusalén pero a los periodistas les toca regresar. El mar se abre y un barco cruza el canal de Corinto. Habla el mar. Su azul intenso se funde con el naranja del atardecer. La escena desprende cierto misticismo. Aupado por él, el escritor se confiesa: «He desnudado mi alma como en ningún otro libro. Muchas de las preguntas de Podalirio son dudas del ser humano que las tengo yo mismo, como las he apreciado en otras personas, creyentes o no, de mi entorno».
Podalirio ejerce de testigo de la evolución del politeísmo al monoteísmo. Cuando a Sánchez se le pregunta sobre el papel actual de la Iglesia, apunta que aún tiene «mucho que dar». Está convencido de que el mundo está «llamado a entenderse». El personaje de Tereo dice en su novela: «Son estos unos tiempos difíciles para nosotros, la gente hoy parece tan insatisfecha». El autor considera que igual pasa ahora: «El hombre nace con un ansia y una insatisfacción». Y añade: «En el fondo, quiere llegar a ser Dios».
Reconoce, sin embargo, que la Iglesia está viviendo una crisis, pero añade: «De las crisis siempre sale algo nuevo y yo pienso que el hombre saldrá con una nueva visión de la espiritualidad». El rumor del canal de Corinto extrapola la espiritualidad. El regreso se materializa y los veinte periodistas y el escritor emprenden el viaje de regreso.

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