Los excesos del primer ministro israelí levantan la polémica del diario económico «Globes», que le atribuye haberse gastado 310.000 dólares (250.000 euros) en instalar una cama doble en un avión oficial con dinero de las arcas públicas
Cama de matrimonio en el avión de la pareja de Netanyahu
Benjamin Netanyahu, ayer / AP
Actualizado Martes , 25-05-10 a las 14 : 37
Hay dos males de su clase política que los israelíes parecen tolerar con una calma desconcertante, como si fueran desastres naturales imposibles de evitar y contra los que no hay nada que hacer. El primero, el más grave, es la corrupción de cargos públicos: la epidemia eterna de escándalos, sobornos, blanqueos, tráficos de influencias, que ha llegado a acorralar hasta al anterior primer ministro, Ehud Olmert, hoy abrumado por las sospechas.
El otro mal es la exhibición de una obscena afición al lujo y a los caprichos de nuevo rico de algunos altos dirigentes. Las instrucciones judiciales cuentan que el gusto por los relojes exclusivos, los puros caros y los viajes de millonario tuvo mucho que ver con la inmersión del propio Olmert en los negocios sucios que se le imputan. Pero, por ahora, el record del exceso se lo lleva el matrimonio Netanyahu, formado por Sara y el jefe del Gobierno Benjamin, al que el diario económico Globes atribuía ayer un último antojo inclasificable de 310.000 dólares que, eso sí, correrá a cargo de las arcas de todos: la instalación de una cama doble en el avión que el jueves les trasladará a Francia y Canadá en viaje oficial.
Como aquel que dice, llueve sobre mojado. En 2008, cuando Benjamin Netanyahu era jefe de la oposición, la pareja ya tuvo que defenderse de quienes les acusaron de haber gastado 131.000 shekels de dinero público (unos 27.000 euros) en seis días de estancia en un hotel de cinco estrellas de Londres. Las cuentas de la lavandería y la peluquería, puntualmente filtradas por la prensa, eran astronómicas. El pasado enero, las quejas de varias asistentas domésticas sobre los aires de grandeza de Sara y su despotismo contribuyeron a enturbiar aún más la imagen de boato que persigue matrimonio.
La excentricidad de la cama aparece ahora en papel oficial. Lo recoge el pliego del concurso público convocado por la Oficina del Primer Ministro para alquilar la aeronave que llevará a los Netanyahu a su próxima gira. Un avión que ya no podrá ser un Boeing 757, como era lo habitual, sino un 767 capaz de acoger por su tamaño el exigido lecho conyugal. Según el Globe, el dispendio ha sido justificado con los argumentos de que, el día de su vuelta, el jefe del Gobierno tiene una ajetreada jornada de trabajo y que el gran 767 es el modelo más pequeño capaz de regresar de Canadá sin escalas.
A todo esto, Netanyahu viaja para honrar el reciente ingreso de Israel en el selecto club de la OCDE, último motivo de orgullo en el ámbito económico de este Estado, que en el segundo trimestre de 2009 ya consiguió dejar atrás la recesión. No obstante, la brecha entre ricos y pobres dentro de su sociedad es la mayor de los países desarrollados, la OCDE ha recordado las carencias de árabes y ortodoxos, aunque sobre ello que el primer ministro podrá reflexionar después y en compañía en su cama de medio millón de dólares.

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