El catedrático de Economía escribe en EMPRESA de las dificultades que tendrá el país heleno
Domingo , 09-05-10
Grecia no podrá pagar su deuda nacional. Ese impago se deberá en gran parte al hecho de ser miembro de la unión monetaria europea. Si no formase parte del sistema del euro, puede que Grecia no se hubiese metido en su actual atolladero y, aun habiéndose metido en él, podría haber evitado la necesidad del impago.
La incapacidad de Grecia para pagar su deuda nacional no conlleva una negativa explícita a hacer pagos principales y de intereses cuando lleguen a su vencimiento. Es más probable que sea una reestructuración de la deuda existente organizada por el FMI que cambie las obligaciones existentes por otras nuevas con partes principales e intereses más bajos. O podría ser un «impago blando» por el cual Grecia pagaría su deuda actual con nueva deuda en vez de hacerlo en efectivo. Pero, sea cual sea la forma que adquiera el impago, los actuales poseedores de deuda griega recibirán una cantidad menor que la que en total se les debe ahora.
El único modo en que Grecia podría evitar el impago sería recortando sus déficits presupuestarios anuales futuros hasta un punto en que los inversores extranjeros y nacionales estén dispuestos a ofrecer financiación de forma voluntaria. Como mínimo, eso equivaldría a reducir el déficit hasta un nivel que pare el aumento de la deuda en relación al PIB.
Para lograrlo, el actual déficit del 14% del PIB tendría que reducirse hasta el 5% del PIB o menos. Pero reducir la relación entre deuda y PIB al nivel del 60% prescrito por el Tratado de Maastricht exigiría reducir el déficit presupuestario anual a sólo el 3% del PIB (el objetivo que los ministros de economía de la Eurozona han dicho que Grecia debería alcanzar de aquí a 2012).
Reducir el déficit presupuestario en un 10% del PIB conllevaría un recorte enorme del gasto gubernamental o una subida tremenda de la recaudación de impuestos (o, más probablemente, ambas cosas). Dejando a un lado la dificultad política de conseguirlo, esto tendría un gravísimo efecto negativo en la demanda interna total y, por tanto, en la producción y en el empleo. Latasa de paro de Grecia ya es del 10%, y ya se prevé que su PIB experimentará unas caídas anuales de más del 4%, lo que elevaría aún más la tasa de paro.
Deprimir más la actividad económica mediante unos impuestos altos y un gasto gubernamental reducido provocaría unas reducciones compensatorias de la recaudación fiscal y unos aumentos compensatorios de las subvenciones por desempleo. Así que cada euro teórico de reducción del déficit se convierte en menos de un euro de reducción del déficit real. Eso significa que las subidas de impuestos previstas y los recortes en el gasto gubernamental básico tendrían que ser incluso superiores al 10% del PIB para poder conseguir un déficit presupuestario del 3% del PIB. Sencillamente, no hay manera de escapar a las matemáticas de la magnitud de la reducción del déficit y el declive económico que la acompaña: el impago de la deuda griega es inevitable.
Grecia podría haber sido capaz de evitar ese desenlace si no hubiese estado en la Eurozona. Si Grecia todavía tuviese su propia moneda, las autoridades podrían devaluarla a la vez que refuerzan la política fiscal. Una moneda devaluada aumentaría las exportaciones y haría que las familias y empresas griegas sustituyesen los productos importados por los nacionales. La mayor demanda de productos y servicios griegos haría subir el PIB de Grecia, lo que incrementaría los ingresos debidos a los impuestos y reduciría el pago de subvenciones. En resumen, la consolidación fiscal sería a la vez más fácil y menos dolorosa si Grecia tuviese su propia política monetaria.
Pertenecer a la zona euro, causa del déficit presupuestarioEl hecho de pertenecer a la zona euro también ha sido una de las principales causas del gran déficit presupuestario actual de Grecia. Como hace más de una década que Grecia no tiene una moneda propia, no ha habido indicios del mercado que hayan alertado al país sobre el inaceptable aumento de su deuda.
Si Grecia hubiese permanecido fuera de la Eurozona y hubiese conservado el dracma, el gran aumento de la oferta de bonos griegos habría provocado una devaluación del dracma y un aumento del tipo de interés de las obligaciones. Pero como las obligaciones griegas en euros se consideraban un buen sustituto de las obligaciones en euros de otros países, el tipo de interés de las obligaciones griegas no subió a medida que Grecia fue adquiriendo más préstamos (hasta que el mercado empezó a temer un posible impago).
El considerable aumento del tipo de interés de los bonos griegos respecto a los alemanes durante las últimas semanas pone de manifiesto que ahora el mercado considera que ese impago es cada vez más probable. La combinación de créditos procedentes de otros países de la Eurozona y préstamos del FMI podría proporcionar suficiente liquidez para retrasar el impago durante algún tiempo. A cambio de esta inyección de liquidez, Grecia se verá obligada a aceptar unas estrictas medidas fiscales y una caída del PIB.
Al final, Grecia, los demás miembros de la Eurozona y los acreedores de Grecia tendrán que aceptar que el país es insolvente y no puede devolver su deuda actual. En ese momento, Grecia dejará de pagar.

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