Un año después de que Salgado anunciar luz al final del túnel, la economía sigue en una profunda crisis
Brotes verdes: SE BUSCA
ÍKER AYESTARÁN
Actualizado Domingo , 09-05-10 a las 09 : 56
Cuando el 6 de mayo de 2009, la ministra de Economía, Elena Salgado, se aventuró a hablar de brotes verdes en la economía española no se pudo imaginar que esa metáfora traería cola, que un pronóstico alentador dejaría paso a un nuevo desatino del Ejecutivo de imposible cumplimiento. Los «greenshots» que días antes viera el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, en la economía estadounidense, no han llegado a España doce meses después del atrevido anuncio; se han quedado sólo en brotes verdes fritos, como los tomates verdes de aquella película que narraba la fuerte amistad entre dos mujeres.
Fritos o... achicharrados después de una semana en la que los rumores sobre la posibilidad de que España necesitara de préstamos del Fondo Monetario Internacional para rescatar la economía —280.000 millones de euros— y los comentarios desmentidos sobre una rebaja del rating español por parte de Fitch y Moody’s provocaran una estrepitosa caída en los mercados, que obligó al presidente del Gobierno a salir a la palestra a desmentir «un despropósito descomunal», «una auténtica locura», a intentar poner coto al pánico al contagio griego, que castigó el euro y hundió las bolsas europeas, las de Asia y Estados Unidos. El riesgo país de España repuntó hasta los 170 puntos básicos y los CDS se situaron cerca de máximos históricos.
Los rumores, rumores son, pero el runrún ha vuelto a minar la débil credibilidad que tiene la economía española y el presidente Zapatero, un gobernante que a ojos de los analistas está paralizado mientras es pasto de la especulación que, activamente, alimenta la prensa internacional y que, sin pudor, apunta a España como la próxima economía en caer tras la griega.
La cruda realidad
La falta de un proyecto de futuro es lo que realmente parece estar detrás del castigo infligido, pero Zapatero sigue con el cuento de la lechera, el mismo que en febrero defendió en Davos, el que tiene como argumento que hay que atenerse a los «hechos» y no a los «pronósticos». Y ateniéndose a esos «hechos», el presidente del Gobierno cree que hay indicios suficientes que confirman una salida de la crisis.
Que la economía ha salido de la recesión es un hecho que constató el Banco de España el pasado viernes tras avanzar un crecimiento del 0,1% en el primer trimestre. Pero de ahí a salir de la profunda crisis, hay un trecho. ZP vuelve a apoyarse en unos muy tímidos brotes verdes que habrá que ver en qué quedan, si alejan los peligros de estancamiento, el principal reto en estos momentos.
Pero ¿cuál es la realidad económica a día de hoy? ¿Qué ha ocurrido un año después de que Salgado anunciara brotes verdes para la economía? Los «hechos» y no los «pronósticos» son los que han llevado a la economía española a peor. Tímidamente, España entra en la recuperación, pero la destrucción de empleo y el aumento del paro son alarmantes, la morosidad galopante, las compuertas del crédito siguen sin abrirse y las reformas, durmiendo el sueño de los justos, pendientes. No hay prisa ni para los sectores financieros y energéticos, ni para el mercado laboral, éste último a merced de unos acuerdos entre sindicatos y empresarios que no llegan; siguen en lista de espera dos años después.
Y si se repasan las cifras, un año después de que se anunciara la llegada de brotes verdes, cantan. El número de parados camina irremediablemente hacia los cinco millones, la tasa sobre población activa es del 20%, el déficit público roza el 12% del PIB y los últimos datos de Contabilidad Nacional conocidos —último trimestre de 2009— situaron la caída del crecimiento en el 3,6%. Cierto es que la deuda española está veinte puntos por debajo de la media europea y el pago de intereses a acreedores representa el 2% del PIB frente al 3% de Francia y Alemania, pero cierto es también que el déficit público español es el único que sigue desbocado en la zona euro y este año se situará por encima del griego.
A las puertas del abismo
A día de hoy, España es una de las economías más débiles del G-20, pese a que Zapatero no haya perdido la esperanza e insista en que ha comenzado el despegue. Delicada es la situación económica, que amenaza con llevar a España a las puertas del abismo, en el que ya ha entrado Grecia. Y aunque obvio es que España no es Grecia, real como la vida misma es que estamos en el vagón de cola, en ése en el que ya está instalado el país heleno y en el que podemos entrar con Portugal e Irlanda si no se toman medidas drásticas de reducción del déficit y se realizan reformas que convenzan a los mercados, alejen la especulación y con ello los riesgos de contagio de una crisis «a la griega», la que ha costado a España casi 10.000 millones de los 110.000 millones que han tenido que prestar la Eurozona y el FMI a Grecia.
Desde luego que España no es Grecia, que nuestro país no ha maquillado las cuentas públicas y que en porcentaje del PIB, la deuda griega (113% del PIB) es el doble que la española, aunque si se habla en términos absolutos, la situación cambia porque nuestra deuda supone más del doble que la griega. En menos de un año, España tendrá que refinanciar más de 500.000 millones de euros y nuestra situación económica y, sobre todo, la credibilidad como economía, no es la más idónea. Nuestro país necesita financiación para hacer frente a los vencimientos y los inversores que nos financian exigen medidas solventes, creíbles, que impliquen un recorte efectivo del gasto público; no vale con buenas intenciones.
El peso de las garantías
¿Qué ocurrirá si esta política de austeridad no se aplica, si no se toman medidas quirúrgicas para frenar el gasto? Pues que los inversores reclamarán más garantías para realizar sus inversiones, más rentabilidad para comprar nuestra deuda. El Gobierno está firmemente comprometido con la reducción del desbocado déficit desde casi el 12% al 3% en 2013, sólo le falta precisar al detalle cómo lo hará para volver a la senda de la estabilidad. Y cuánto más tiempo pierda, mayores serán las garantías exigidas por los inversores, aumentará la prima de riesgo y el tipo de interés exigible a las emisiones y mayores también los esfuerzos a realizar. Hasta 2011 los Estados europeos emitirán alrededor de 1,5 billones de euros en deuda pública. Muchas son las opciones y España sólo es una de ellas. Esta misma semana nuestro país ha tenido que pagar un 25% más para colocar 2.300 millones de deuda.
España no es Grecia, pero seguimos sus pasos, vamos en la misma dirección, a peor. Primero fue el país heleno, después Portugal y hace unos días España. S&P, la agencia de calificación crediticia, ha rebajado a AA- desde AA+ el rating sobre la deuda soberana española con perspectiva negativa. Y esto no es un rumor. Lo peor es que amaga con más rebajas de rating si la situación presupuestaria es peor de lo esperado. La advertencia llegó días después de que la calificadora de riesgos recortara la nota de la deuda Griega a la categoría de «bonos basura» y la de Portugal hasta A- desde A+, con perspectiva negativa en ambos casos.
La rebaja de la calidad de nuestra deuda pública no sorprende, teniendo en cuenta que S&P ya lo hizo el pasado diciembre en respuesta al empeoramiento de las cuentas públicas y el tocado crecimiento económico, lo que se convirtió en un aviso a navegantes. ¿Qué hizo entonces el Gobierno? La respuesta llegó en forma de un plan de austeridad con el que el Gabinete socialista pretende ahorrar 50.000 millones hasta 2013, un plan con numerosos interrogantes, que se aderezó con el anuncio de una reforma de las pensiones que ampliaba de 65 a 67 los años para jubilarse, medida que se topó de plano con los sindicatos y parece ha dormido el sueño de los justos.
España no es Grecia, pero...
El tiempo corre en contra de nuestro país, de un Gobierno que no ha sabido medir las consecuencias de un gasto público descontrolado y que ahora se niega al obligado ejercicio de meter la tijera en unas cuentas que nuestro país ya no se puede permitir, y de emprender reformas que, de hacerse como el momento requiere, le enfrentaría a los sindicatos, sus fieles escuderos desde que comenzó la crisis económica.
El presidente Zapatero debería fijarse más en el caso griego. El país heleno se resistió a hacer reformas de peso y le han obligado a drásticos recortes en el gasto social, a rebajar el sueldo a los funcionarios, a recortar las cuantía de las pensiones y a subir los impuestos. Bruselas es ahora la que pone las reglas.

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