Porque treinta años no son nada, la gira de reencuentro de Barón Rojo encarna el viejo lema de que el viejo rockero nunca muere
Actualizado Domingo , 09-05-10 a las 11 : 22
Se oye comentar a las gentes del lugar que los rockeros no son buenos. "Si no te portas bien te echarás pronto a perder y caerás en el infierno". Esta alabanza macarra, este estribillo pendenciero y gamberro, forma parte del imaginario de miles de aficionados al rock duro con unos añitos ya a sus espaldas. Lo cantaban a principio de los años ochenta cuando no existían los mp3, no había iPod, sin móviles y ni por asomo nadie se imaginaba el poder de Internet.
De nuevo en la carretera, la formación original de Barón Rojo volvió a surcar el vuelo en la madrileña sala La Riviera para forjar la segunda vida de un grupo de rock duro considerado por muchos como el mejor de la historia en habla hispana. Al menos, sí uno de los más influyentes del panorama musical. Porque treinta años no son nada, esta gira de reencuentro encarna el viejo lema de que el viejo rockero nunca muere.
Y quizá sí es cierto, porque los madrileños clavaron un concierto acorde a su leyenda. Casi tres horas de música a borbotones, de arrolladores riffs de guitarra, de contundencia, pese a vislumbrar algunos fallos en las voces en la primera parte. Los años no pasan en balde. Pero todo se le perdona a los cuatro jinetes (Armando y Carlos de Castro, José Luis Campuzano 'Sherpa' y Hermes Calabria), creadores de auténticos himnos generacionales.
En un homenaje al Metal ochentero, trenzaron sus grandes clásicos, que para eso habíamos venido aquí. Tras ellos, una gran pantalla donde se iban sucediendo imágenes relacionadas con las letras de las canciones. Con un pequeño cambio en el repertorio escogido en la primera incursión allá por enero. No tan emocionante como entonces, tras "Campo de concentración", los barones fueron descargando, uno a uno, "Chicos del rock", "Concierto para ellos", "Hiroshima", "Las flores del mal", "Breakthoven", "Larga vida al Rock'n'Roll", "Incomunicación", "Resistiré" o "Hijos de Caín", y donde por supuesto no podía faltar la exquitez de "Siempre estáis allí" para agradecer, en una jubilosa expectación, su visita a los entusiastas seguidores de toda índole y edad. El momento sublime.
Fue el pasado año cuando hicieron una primera toma de contacto en el festival Metalway de Zaragoza que no obtuvo el respaldo esperado. Tapar rencillas personales y olvidarse de las tensiones internas que derivó en su disolución hace dos décadas, tras un tiempo de dimes y diretes, de críticas, los cuatro componentes originales decidieron inaugurar una gira de conciertos con el objetivo de sonar "lo más parecido" al Barón de siempre. Lo advirtieron en la presentación. Y parece que lo han conseguido.

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