Actualizado Miércoles , 21-04-10 a las 16 : 25
El Movimiento Olímpico llora la desaparición de uno de sus dirigentes más insignes. Me resulta casi imposible ordenar los sentimientos y recuerdos que me produce la muerte de Juan Antonio Samaranch Torrelló.
Me gustaría ordenarlos y expresarlos con la misma templanza y sobriedad con la que el Presidente de Honor del Comité Olímpico Internacional era capaz de manifestar sus ideas y pensamientos. Siempre atinado, sujeto a la razón y con sentido común sus manifestaciones eran una continua enseñanza.
Hemos perdido a un hombre que dedicó íntegramente su vida al servicio del deporte. Ese es su mejor legado. Nunca mostró un ápice de cansancio en su entrega al deporte olímpico y español. Se entregó hasta el final para que Madrid consiguiera la organización de los Juegos Olímpicos, primero del 2012 y después del 2016.
Fue en Copenhague donde nos estremeció el corazón a todos con su discurso cargado de sentimiento y emotividad. Parece como si su inmensa sabiduría le revelara indicios que solo los dotados de un talento superior son capaces percibir.
Siempre recordaré una frase suya a propósito de la consecución de los Juegos Olímpicos de Barcelona y las candidaturas de Madrid a ser ciudad olímpica: «La diferencia entre Madrid y Barcelona es que yo ya no soy Presidente del COI». Pero pese a ello se entregó a la candidatura de Madrid sin reservas.
Porque Juan Antonio Samaranch amaba Barcelona, Cataluña y España. Amaba el deporte. Y a todo ello se entregó con pasión, sin escatimar ni un minuto de dedicación.
El deporte olímpico vivió durante su mandato la etapa más esplendorosa desde que el Barón de Coubertin impulsó los Juegos de la era moderna. Durante más de veinte años Samaranch solo trabajó para engrandecer los Juegos Olímpicos. Ahí está el resultado.

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