Actualizado Miércoles , 21-04-10 a las 16 : 17
El 17 de octubre de 1986 en Lausana (Suiza), Juan Antonio Samaranch anunció, con suspense incluido, que los Juegos Olímpicos de 1992 iban a organizarse en «La ville de... Barcelona». Seis años antes de aquella designación, Samaranch había sido elegido presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), primer paso para que el sueño deportivo, social y político de la capital catalana y de España entera se materializara en unos Juegos que pasan por ser «los mejores de la historia» por su excelente organización y por haber logrado el mejor podio español, con 22 medallas.
Los Juegos Olímpicos del 92 fue la mayor y mejor campaña publicitaria para Barcelona, convertida desde entonces en un destino turístico de primer nivel. El éxito cosechado por la organización también se convirtió en un modelo de colaboración público-privada que luego emularon otras ciudades.
Desde la distancia, Samaranch supo imprimir a la organización de los Juegos la suficiente tensión para que las instalaciones llegaran a tiempo a la cita y para que nada quedara al azar, luego de lograr la complicidad de todas las instituciones del país para que respaldaran las inversiones que transformaron la ciudad.
El impacto de la celebración de los Juegos en Barcelona ha sido titánico. No solo por la creación de las Rondas de circunvalación, Montjuïc o la Villa Olímpica, sino también por la apertura de la ciudad al mar, que le devolvió el disfrute del Mediterráneo. Con el éxito de los Juegos, Samaranch se quitó la espina que algunos catalanes le clavaron cuando fue presidente de la Diputación de Barcelona en la Transición.

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