El Vaticano desautoriza al predicador del Papa por comparar las críticas con el Holocausto
POOL Imagen de archivo del padre Raniero Cantalamessa, en la capilla Madre Redentora del Vaticano
Domingo , 04-04-10
JUAN VICENTE BOO
CORRESPONSAL
ROMA. El portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, marcó las distancias con el predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, poco después de que su predicación del Viernes Santo ante el Papa incluyese una desafortunada comparación de las actuales críticas a la Iglesia con el Holocausto. Lombardi dijo que «Cantalamessa no hablaba como funcionario del Vaticano. No creo que su comparación haya sido apropiada».
El capuchino Raniero Cantalamessa, que lleva veinte años en el cargo, predica cada año los oficios del Viernes Santo en la basílica de San Pedro mientras que el Papa escucha en silencio. Su homilía de este año, incluía pensamientos interesantísimos sobre los malos tratos a las mujeres, especialmente en familia, llegando a sugerir un gesto genérico de los hombres: «Media humanidad debería pedir perdón a la otra mitad».
Carta de un judío
Cantalamessa dijo que prefería «no hablar de la violencia a los niños, de la que se han manchado desgraciadamente no pocos miembros del clero, pues de eso se habla ya bastante fuera de aquí». Intentando apoyar al Papa, leyó la carta de un amigo suyo judío, un pueblo que sabe lo que es ser víctima de la «violencia colectiva». La carta manifiesta su «disgusto por los ataques violentos y concéntricos contra la Iglesia, el Papa y todos los fieles por parte del mundo entero», añadiendo que «me recuerdan los aspectos más vergonzosos del antisemitismo».
El caso más grave y aún hiriente de «violencia colectiva» contra los judíos es el Holocausto, cuya negación por Richard Williamson, uno de los cuatro obispos lefebvrianos a quienes se levantó la excomunión en 2009, provocó una crisis en las relaciones de los judíos con la Iglesia católica. Después de más de una semana de silencio incomprensible del Vaticano, el Papa salió personalmente a reparar el daño. Clarificó que el Holocausto fue «un crimen contra Dios y la humanidad», y que «la minimización de este terrible crimen es intolerable y totalmente inaceptable».
Comparar las críticas a la Iglesia por la pederastia de algunos sacerdotes con el Holocausto provocó la protesta de numerosos rabinos de todo el mundo, empezando por David Wolpe, unos de los más populares en Estados Unidos, quien escribió en «The Washington Post» un durísimo comentario: «Las víctimas del escándalo han sido los niños. La Iglesia no es la víctima. Me gustaría recordar al reverendo Cantalamessa lo que fue el Holocausto: seis millones de personas, incluido millón y medio de niños fueron hechos morir de hambre, gaseados, fusilados, quemados, humillados, brutalizados y asesinados, no por lo que hicieron sino por lo que eran».
El líder de la comunidad judía alemana, Stephan Kramer calificó el comentario de Cantalamessa de «insolencia inaudita», mientras que el Centro Simon Wiesenthal considera que «esta frase dolorosa fue pronunciada delante del Papa, que debería disculparse». Ayer se esperaba una disculpa del padre Cantalamessa. No llegó. El Viernes Santo es un día muy sensible para los judíos, pues muchas veces las prédicas inflamadas sobre la Pasión del Señor llevaban a actos de violencia, a veces mortal. Esa pesadilla había quedado atrás hasta que ayer numerosos líderes judíos tuvieron que explicar los motivos de su malestar.
La triste ironía del caso es que Joseph Ratzinger, como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe y desde 2005 como Papa, es la persona que más ha hecho por erradicar los abusos sexuales y hacer limpieza entre el clero indigno. Del mismo modo, una constante de su extraordinaria creación teológica es el esfuerzo por devolver su justo valor al Antiguo Testamento y a la tradición rabínica.
En medio del temporal, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, dijo que la Iglesia católica de Irlanda «ha perdido toda su credibilidad» debido a la pederastia. El arzobispo de Dublín respondió que «estamos dispuestos a reconocer nuestros fallos, pero sin convertirnos en prisioneros del pasado». El pasado sólo quedará atrás cuando se haga limpieza de delincuentes y encubridores.

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