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Lunes , 29-03-10
SORPRENDE a los observadores nacionales y extranjeros la calma que reina en nuestro país. «Con el paro camino del 20 por ciento y un déficit disparado, la situación tendría que ser, cuanto menos, tensa. Basta ver lo que está ocurriendo en Grecia», dicen.
Pero es que la situación española no es la griega, y en eso hay que dar la razón a Zapatero. En Grecia, los funcionarios públicos han visto recortados sus sueldos; los trabajadores, sus derechos y los parados ven amenazada la prestación de desempleo. Mientras los funcionarios españoles no sólo conservan íntegros sus sueldos, sino que los han visto incrementados en un pequeño porcentaje; otro tanto ocurre a los trabajadores con empleo fijo, cuyo salario incluye la subida anual pactada en el convenio, mientras los parados tienen garantizado seguir recibiendo la subvención por desempleo, al «no haber recorte del gasto social», como ha dicho el presidente.
Si consiguiéramos olvidar el fantasma del paro que se cierne hoy sobre todos los españoles -algo difícil de olvidar-, me atrevería a decir que la mayoría está mejor que nunca, pues, garantizados sus ingresos, se encuentran con que la hipoteca del piso les ha bajado, los saldos en tiendas, supermercados y grandes almacenes les ofrecen auténticas gangas y otro tanto ocurre con las ofertas en viajes, hoteles y diversiones. Hay una minoría, sí -jóvenes sin trabajo, autónomos, familias que se han quedado sin ingresos- que lo están pasando realmente mal. Pero a la mayoría le está yendo bien. Es lo que explica esa paz social que tanto asombra.
El único problema es: ¿cómo está consiguiendo Zapatero esa paz social? Pues la está comprando con deuda. La deuda pública española se ha duplicado en los dos últimos años y todos los intentos que se han hecho de recortarla han sido inútiles porque, de hecho, no son recortes, son aumento de la deuda, a fin de mantener la paz social. ¿Qué va a pasar cuando la capacidad de endeudamiento del Estado español se agote? Pues lo que está pasando en Grecia; que no podremos pagar los altos intereses que nos exijan por nuestra deuda. Y ya hemos visto que los demás países europeos -con Alemania a la cabeza- no están dispuestos a ayudar a los que no han querido o sabido ayudarse a sí mismos. En otras palabras: que nos exigirán realizar esos dolorosos recortes que venimos posponiendo, cumpliéndose lo que el «Financial Times» nos advirtió hace ya un año: que cuanto más tardemos en hacer los reajustes, más penosos y costosos serán.
La «paz social» que reina hoy en España es por tanto una paz falsa, una paz engañosa que lleva en la panza, como algunas nubes, una tormenta. Disfruten ustedes de estas vacaciones de Semana Santa, que pueden ser las últimas antes de que estalle la tormenta, pues el tiempo, y el dinero, se agota.
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