Los productores españoles de cosméticos ecológicos son una minoría. Alemania es la reina del brilli brilli «verde».
España tiene pocos productores de cosméticos ecológicos
Los cosméticos ecológicos no se prueban en animales|ABC
Actualizado Martes , 23-03-10 a las 13 : 53
Los cosméticos ecológicos no emplean materias primas derivadas del petróleo; tampoco procedentes de animales sacrificados. Además, se prueban dermatológicamente sobre personas.
Un champú ecológico no es aquel que contiene aloe vera, manzanilla o té verde. El principio activo natural puede ser un componente muy minoritario dentro de una base formada a partir de conservantes, colorantes, perfumes artificiales y parafinas.
Cuidado con la etiqueta
La normativa española sobre cosméticos no permite la utilización de sustancias cancerígenas, mutágenas o tóxicas. Sin embargo, en las etiquetas de muchos envases aparecen los nombres de ciertos ingredientes peligrosos, pero que en pequeñas cantidades están permitidos. El ejemplo más citado es el de los parabenos, que modifican el funcionamiento normal de las hormonas. Los cosméticos ecológicos, en cambio, carecen de componentes irritantes o dañinos, por lo que no causan alergias, irritaciones u otros problemas de salud. La nueva legislación europea sobre registro, evaluación y autorización de sustancias químicas (REACH) obliga a las empresas de cosméticos a informar sobre los posibles riesgos para la salud y el medio ambiente de sus productos.
Soil Association en Inglaterra, Ecocert en Francia -también con una sucursal en España, Ambicert, desde hace un par de años-, BDIH en Alemania y Demeter, que ha creado a nivel mundial una importante red de organizaciones de garantía, certifican, en la actualidad, qué cosméticos se han elaborado gracias a los resultantes de la agricultura biodinámica.
Los cosméticos ecológicos más demandados tienen que ver con la higiene personal: champús, geles de baño, cremas corporales, dentífricos, leche limpiadora, tónicos, peeling, cremas hidratantes, así como los artículos específicos para el cuidado de bebés.
Fabricantes y publicistas saben que la palabra «natural» vende y justifica el sobreprecio. La cosmética ecológica, al ser de calidad, es más cara, por regla general que la cosmética tradicional, considerada de gama más baja. Pero las hierbas salvajes, las babas de insectos o las placentas de cetáceos no siempre son tan «verdes» en esencia como asemejan en apariencia; la mayoría llevan petroquímicos, en ocasiones perjudiciales.

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