La película independiente sobre la guerra de Irak no gusta nada a los militares de Estados Unidos por sus inexactitudes, mientras que la agresiva campaña de sus productores para triunfar en los Oscar viola las reglas de la Academia de Hollywood
El Ejército de EE.UU... «en tierra hostil»
AP Kathryn Bigelow, en el centro, durante el rodaje de «En tierra hostil», una de las grandes favoritas en los Oscar de este año
A las cinco de la tarde hora de California, la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood cerrará la votación para los Oscars que se repartirán el domingo. Con nueve nominaciones, unas de las grandes favoritas es la película de guerra «En tierra hostil». Pero esa producción independiente dirigida Kathryn Bigelow ha abierto una polémica recurrente para la industria del cine americana: los límites del entretenimiento con respecto a la veracidad.
Aunque para la crítica internacional este filme sobre artificieros del Pentágono en la guerra de Irak roza la perfección, la audiencia con verdadera experiencia bélica compuesta por militares de EE.UU. no hace más que quejarse. Con reproches que abarcan desde errores básicos a la hora de representar acciones de combate -como el uso de uniformes inexactos- a la representación de soldados como renegados. Sin importar mucho que al secretario de Defensa, Robert Gates, le haya gustado la película, calificándola como «auténtica» y «muy convincente».
Partidos de risa
La realidad es que el Pentágono decidió suspender su colaboración con esa película en el último minuto durante su rodaje hace tres años en Jordania. Con el argumento de que los responsables de la producción, titulada en inglés «The Hurt Locker», estaban filmando escenas no incluidas en el guión compartido con el Departamento de Defensa. Entre ellas, una secuencia poco favorecedora para la imagen de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
Según ha comentado el sargento Eric Gordon, un artificiero de verdad destinado por segunda vez en Irak, «he visto la película con otros compañeros y nos hemos partido de risa». Con especial mención a una escena en la que el actor Jeremy Renner, que interpreta al artificiero sin miedo William James, desactiva un artefacto explosivo muy potente con ayuda de unas pinzas: «Es como si un bombero entrase en un edificio a apagar un fuego con una botella de agua».
Para Paul Rieckhoff, director ejecutivo de la asociación que agrupa a 150.000 veteranos de las guerras de Irak y Afganistán, «la representación de nuestra comunidad en esta película es muy irrespetuosa». A su juicio, «no somos cowboys, no somos temerarios, somos profesionales y una buena parte de la película hace pensar lo contrario».
El escritor de la película, Mark Boal (un periodista con experiencia en Irak) ha defendido su obra diciendo que «En tierra hostil» nunca quiso ser un documental o una película de entrenamiento: «Ciertamente hemos asumido opciones creativas en búsqueda de efecto dramático, pero espero que esas opciones fueran responsables y conscientes». En su opinión, los asesores técnicos no deben tener la última palabra a la hora de hacer una buena película.
Con todo, los militares de Estados Unidos no son los únicos molestos. La Academia de de las Artes y Ciencias Cinematográficas ha expresado su malestar por la agresiva campaña de promoción realizada por Nicolas Chartier, uno de los cuatro productores de «En tierra hostil». Esta controversia se centra en un correo electrónico enviado el pasado 19 de febrero a los votantes en la 82 edición de los Oscars pidiendo que no respaldasen como mejor película del año a un montaje de «500 millones de dólares».
Este esfuerzo de persuasión ha sido interpretado como un ataque denigrante contra «Avatar», la otra película empatada con otras nueve nominaciones. Las reglas de la Academia de Hollywooid prohíben bombardear a sus miembros con este tipo de ofensivas. Entre las posibles consecuencias figuran una censura pública contra Chartier, la retirada de sus entradas para la gala de los Oscars o la muy improbable descalificación de su película.

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