Martes , 23-02-10
El nuevo proyecto del Real Madrid contaba con tres piezas angulares en el ataque. Cristiano Ronaldo, Kaká y Karim Benzema. Una apuesta a golpe de talonario porque lo más caro en el fútbol es el gol. Tres puñales presentados por la parafernalia blanca más rimbombante, que prometían la esencia más pura y que estaban encargados, indirectamente, de poner punto y final a otras tantas historias. Desde la «jubilación» de Raúl al soterramiento de la etapa calderoniana.
Del triunvirato mágico, Kaká era el jugador que menos se acercaba al perfil de cazagoles, pese a que en el Milan jugaba de segundo delantero. Un finalizador trasladado a los terrenos del canalizador por necesidades del guión. Y ahí no ha encontrado el camino adecuado. Se mueve entre el quiero y no puedo, buscando una identidad y el piñón idóneo para rendir adecuadamente.
Las tinieblas de Karim
Karim Benzema fue otra de las apuestas principales del Real Madrid. Un joven valor con mucho cartel en Francia, expuesto al cambio de Liga, de ciudad y de equipo. De momento, no ha cuajado. Ha gozado de muchas oportunidades para reivindicarse pero Gonzalo Higuaín le ha comido el terreno, pese a que acumula 7 goles -6 en la Liga y 1 en la Liga de Campeones-. Es el tercer delantero. El primer recambio. Un jugador aún por romper.
El tercero es Cristiano Ronaldo. La joya de la corona del nuevo proyecto. El Madrid pagó casi 100 millones de euros, una inversión que puso en duda la posible rentabilidad a largo plazo. Con diferencia, ha sido el gran acierto de la política de fichajes; el más fiable, al que le falta dar el paso y la confirmación en un partido grande.
Su compromiso y hambre de fútbol están fuera de toda duda. Se equivocó el jugador, lesionado por una entrada del defensa del Marsella Diawara, al participar con Portugal los partidos decisivos de clasificación para el Mundial -jugó 20 minutos ante Hungria y se resintió del percance-. Le costó el parón. Y acumuló ansiedad. En ese tramo, se perdió citas importantes como Sevilla, Milan y Atlético. Regresó con el Barcelona, pero no estaba en las mejores condiciones físicas. El exceso de celo le costó 10 partidos en la nómina de los doctores. Un mundo.
Disgusto por las rojas
Desde que cogió la forma, no ha parado de responder a las expectativas. Siempre maneja las situaciones al límite. Con el balón, y sin él. De hecho, dicho ímpetu le ha costado un par de disgustos. Dos expulsiones que le han privado de participar en tres partidos. Y la cuenta va ya por trece. Un hándicap. Un mundo. Se ha perdido más de un tercio de los encuentros.
Pese a todo, en los 19 partidos que ha jugado ha sumado 18 goles. Una media de casi un gol por encuentro (0,95), que supera su mejor marca en el Manchester (42 goles en 48 para una media de 0,88 por día). En el club se piensa que si no se hubiese perdido esos trece partidos, estaría ya por encima de los 30 tantos. Un registro al alcance de pocos jugadores. Números estratosféricos, barnizados con generosidad. Ha dado tres pases de gol y ha dejado de tirar un penalti -lo hizo el domingo con Xabi Alonso frente al Villarreal-. Él es el segundo lanzador por detrás de Kaká y hasta ahora ha tirado dos y ha fallado uno.
Le falta por afinar la puntería en las faltas directas. Es un consumado especialista. En la Liga de Campeones hizo diana en dos ocasiones -Zúrich- y se estrenó este pasado fin de semana en la Liga. Pero su repertorio de remates le ha colocado en el primer puesto de máximo goleador blanco, por delante de Higuaín (16 en todas las competiciones).
El límite de CR está donde él quiera. No le faltan ni ganas ni entusiasmo. Sólo que el Madrid juegue mejor y genere más ocasiones.

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