Viernes , 19-02-10
EL debate sobre la crisis dejó sensaciones agridulces en ambos bandos. Los socialistas salieron satisfechos de que Zapatero lograra sobrevivir a los errores que ha creado, mientras los populares se congratulaban de la rotunda denuncia que Rajoy había hecho de tales errores. El problema para ambos es ¿y ahora, qué? Porque la crisis sigue ahí, amenazadora. De Zapatero ya lo hemos dicho todo. Se ha equivocado de principio a fin de ella, y lo peor es que parece dispuesto a seguir equivocándose. Le pasa lo que al pastor y el lobo, sólo que al revés: ha anunciado tantas veces que la crisis no venía, que cuando anuncia que ha venido, nadie le cree. Y, menos aún, cree en las medidas que toma contra ella. Puede sobrevivir en el Congreso. Puede incluso sobrevivir en España, dadas las peculiaridades de nuestro país. Ya más dudoso es que pueda sobrevivir en las bolsas y mercados internacionales. Y con él, España.
Rajoy es otra cosa. Diría, incluso, la opuesta. No se pierde en argucias ni rodeos. Va derecho al grano. Su argumentación es diáfana; su verbo, contundente. Pero es más un orador parlamentario que de televisión, su punto flaco, pues la televisión es un medio resbaladizo, traidor, como les explicaré el día que la actualidad me deje un hueco. Hoy, me limito a señalar que Rajoy no da tan bien en pantalla como Zapatero y que no aprovecha las posibilidades que ofrece ésta, comenzando por su inmenso radio de acción y su ingrediente de espectáculo. Habla para los suyos, olvida al resto. Para mí, se equivocó al no presentar la moción de censura. ¿Que no contaba con los votos necesarios para ganarla? Ya lo sabíamos. ¿Que iba a perderla? Desde luego. ¿Que no tenía un programa alternativo, como le acusan sus adversarios? ¡Claro que lo tenía! Le hubiese bastado con presentar la lista de medidas enumeradas durante el debate. Y hubiese dado un golpe de efecto impresionante, desconcertando al contrario y demostrando a los españoles que está dispuesto a gobernar. Si espera a tener los votos necesarios o a que los diputados socialistas desbanquen a su jefe, mejor que se busque una silla y se siente. En España, es muy fácil gobernar y muy difícil hacer oposición, contra lo que generalmente se cree. Por eso los gobiernos se eternizan en el poder y si caen, es más por sus errores que por causas foráneas. Los españoles somos gubernamentalistas por naturaleza, no importa quién mande, de ahí que a la oposición le cueste tanto arrancar. Si quiere hacerlo, tiene que actuar con audacia e imaginación, aprovechando el menor error del rival, Zapatero los ha cometido a montones. Pero Rajoy no ha sabido aprovecharlos, creyendo que con denunciarlos, bastaba. Y en esta tierra de garbanzos, con denunciar los errores del gobierno no basta, tal vez porque los españoles, dando por descontado que todos los gobiernos se equivocan, votamos sólo a «los nuestros».

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