Azote de controladores, buscador de acuerdos y favorito del presidente
Actualizado Viernes , 19-02-10 a las 13 : 11
Su nombramiento como ministro de Fomento sorprendió a todo el mundo. Era tal el desgaste que había sufrido como secretario de Organización del Partido Socialista que nadie pensaba que José Blanco López fuera a estar a la altura de una cartera tan importante. A diferencia de su antecesora, Magdalena Álvarez, que había estudiado Empresariales, o de otros ministros de Fomento como Álvarez Cascos (ingeniero de Caminos, Canales y Puertos), Blanco no tenía formación universitaria ni fama de ser una persona preparada.
Sin embargo, el político gallego supo aprovechar la oportunidad que Zapatero le brindaba y coger por los cuernos el toro del Ministerio que más invierte, Fomento, un brazo armado del Estado de primer nivel y cuya labor es imprescindible en tiempos de crisis. Desde el primer momento supo ponerse a la clase empresarial a su favor prometiendo ambiciosos planes de inversión en infraestructuras (unos planes que ahora quedan en entredicho) para los cuales propuso un novedoso modelo de financiación público-privada que ya se ha utilizado con éxito en otros países. Pero Blanco sabía que el dinero no caía de los árboles y sus planes encontraron desde el primer momento el total apoyo del sector, ávido de inversiones públicas que le garantizaran flujo de caja.
Blanco demostró desde el primer día que el pragmatismo iba a ser su principal valor como ministro, recordando cosas como la importancia de que todas las administraciones públicas trabajaran juntas a la hora de realizar conexiones de infraestructuras (es decir que las inversiones se hicieran teniendo en cuenta dónde son más necesarias para la conexión del Estado), algo de sentido común pero no excesivamente repetido en los tiempos de bonanza.
Pero el gran respaldo de Blanco ha venido con el tema controladores. Su batalla contra unos profesionales que cobran de media 200.000 euros anuales ha sido vista como justa por la gran mayoría de los ciudadanos, y su «decretazo» a través del cual interviene la actividad de estos profesionales es una muestra de mano dura inédita hasta ahora en el Gobierno. Blanco justifica la intervención a los controladores en que son los menos productivos de Europa y que encarecen, por tanto, la navegación aérea en un país donde el turismo es un motor imprescindible.
Pero además, el ministro se ha destacado por, a pesar de no tener formación específica, ser el portavoz oficioso del Gobierno cuando se trata de medidas económicas. Él anunció que el Gobierno subiría los impuestos y también que se preveía retrasar la edad de jubilación a los 67 años. También fue don José Blanco el que primero mencionó «un ataque contra el euro y maniobras turbias», en una tendencia que desde el extranjero se tildó de «paranoica». De nuevo Blanco en el centro de la estrategia de comunicación económica del Gobierno.

Muchos critican que sea precisamente él quien haga estos anuncios tan importantes, pero hay que pensar que si Zapatero delega en él estas responsabilidades es por algo. «El futuro es Pepe Blanco». Y si se piensa que, por ejemplo, las próximas reuniones de la comisión que buscará llegar a acuerdos económicos se realizarán en Fomento, la casa de Blanco, parece que no vamos desencaminados.

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