Aunque escribiese a pluma, a vuelapluma muchas veces, Lope de Vega era una máquina del arte nuevo de hacer comedias, de la poesía. Su imaginación y su inspiración eran ríos desbordados, caballos desbocados a los que ni siquiera se ocupó de tirar de las riendas.
Se cuenta que escribía a todas horas y en todo lugar, que siempre tenía papel y recado de escribir a mano, que igual le daba pergeñar un soneto en la Plaza Mayor, durante una corrida de toros, que en una fonda de la madrileña calle de los Francos donde vivía, mientras se echaba al gaznate una jarra de buen vino.
La obra de Lope no cabe, desde luego, en una estantería de Ikea. Los estudiosos estiman que pudo escribir alrededor de 1.800 títulos, de los que habrían llegado hasta nosotros cerca de 400. Es más, se conservan bastantes manuscritos autógrafos, sobre todo comedias, de las que 22 descansan a buen recaudo en la Biblioteca Nacional. Y también a buen recaudo se encuentra ya en los aposentos de la Biblioteca el llamado Códice Daza, adquirido por el Estado después de varios años de gestiones. Se trata de un borrador manuscrito autógrafo, único y trascendental de Lope de Vega, escrito por el Monstruo de la Naturaleza entre los años 1631 y 1634.
Un auténtico «objeto de deseo y nuestra mayor adquisición en los últimos cuarenta años, sólo comparable a la compra del Poema del Mío Cid», según Milagros del Corral, directora de la Biblioteca Nacional. Se han pagado 700.000 euros por la obra.
Quehacer inagotable
Lope escribía sin parar y el Códice Daza da buenas muestras de su inagotable quehacer. Tachaduras, enmiendas, banderillas (tiras de papel sobrepuestas), el Fénix, ya está dicho, era una máquina. El original, de más de quinientas páginas, incorpora una parte considerable de textos inéditos. Pero hay algo que aún dota de mayor valor al documento, su condición de borrador, ya que sólo hay tres pertenecientes a Lope en todo el mundo.
Según Teresa Mezquita, directora de Patrimonio Bibliográfico de la Biblioteca Nacional, el Códice no es realmente un libro, sino «un cartapacio, una carpeta que reúne diversos cuadernos de notas», algunos de ellos encuadernados al revés.
La hermosa historia del «rescate» se remonta a junio de 2005 cuando los propietarios del Códice se presentan en la Biblioteca Nacional y dan cuenta de la obra. Hechas las verificaciones pertinentes la Biblioteca se interesó por el Códice. Y también la casa londinense de subastas Christie´s, pero las autoridades no dan el visto bueno para su salida de España. Finalmente, y tras unos años de gestiones, el Estado español, a través del Ministerio de Cultura se ha hecho con esta pieza de valor incalculabl.
Según explicó la directora técnica de la Biblioteca Nacional, Belén Llera, el Códice será digitalizado para ponerlo a disposición de todos los investigadores. El original se guardará en la cámara acorazada de la Biblioteca y sólo en «casos excepcionales» se podrá enseñar a los investigadores. No obstante, los responsables de la BNE pondrán a disposición de todos los ciudadanos interesados el manuscrito digitalizado tanto en la Biblioteca Digital Hispánica como en el portal del Teatro del Siglo de Oro.
Lope, su avasallador torrente creativo, su inspiración hercúlea, más que nunca de su puño y letra.

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