Actualizado Miércoles , 17-02-10 a las 11 : 39
El curiosísimo director turco Semih Kapanoglou sorprendió hoy con su película a competición, titulada “Miel”, y que es la que completa una trilogía como de lista de supermercado junto a “Huevo” y “Leche”. Pero estas delicias turcas no recuerdan a Verhoeven, sino más íntimamente a Víctor Erice, pues la vista hoy, “Miel”, tiene un buen ramalazo de “El espíritu de la colmena”, incluida la mirada infantil tan fija como la de una cobra de su niño protagonista. Y narra también una delicadísima relación paternofilial casi como la de “El sur”, aunque en plena naturaleza y entre bosques y montañas.
La dulce mirada del niñoLa luz derramada y melosa por las ventanas, los claroscuros, los silencios, las miradas, la temperatura y los vahos..., todo ello viene a narrar las impresiones, miedos y deseos de ese niño cuyo padre recolecta la miel de las abejas en las copas de unos árboles gigantes, lo que le permite a la película tener uno de esos arranques de miura... El tratamiento visual, sentimental y aromático de “Miel”, el modo de Kapanolgou de mantener la historia a la altura de la mirada del niño, lo espiritual y lo natural de la sensación que deja la convierten en una de las favoritas hasta la fecha.
En el polo opuesto se encuentra la iraní “El cazador”, de Rafi Pitts, una burda reflexión sobre el infortunio, la justicia, la venganza y la ceguera que no tiene el menor interés y que llega al final casi, casi al principio; nada de lo que ocurre luego tiene el menor sentido. Una reflexión, pues, irreflexiva.
Y la película “con nombres” del día era la muy neoyorquina “Please give”, de Nicole Holofcener, pues estaba protagonizada por Catherine Keener, Amanda Peet, Rebecca Hall, Oliver Platt y varios más, pues era una comedia-revoltillo alrededor de una tienda de muebles, una casa de vecinos, un aparato radiográfico para hacer mamografías y unas cuantas relaciones familiarmente agresivas. La esencia de la narración son los dramas de sus personajes, pero la apariencia es la comedia, la frase corrosiva (especialmente las de una anciana de noventa y una niñata de quince) y la situación impertinente. Tanto la historia como su tratamiento (el cruce sin semáforos) está ya un poco sobadillo, pero tiene esa frescura (generalmente ya, impostada) del cine independiente americano.

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