Sábado , 13-02-10
EL día que el presidente Rodríguez Zapatero desgranaba en los EE.UU. su particular oración recomendando la práctica de esa «moral del talante» que tanto gusta pregonar, los españoles conocíamos una serie de hechos que nos distanciaban, un poco más, de un presidente que se repite en sus mensajes olvidando la importancia del ejemplo. Argumentó su discurso trayendo a colación un versículo de la Biblia en el que Moisés advierte a todo el pueblo de Israel que, como norma moral o estilo de vida, nunca se debe explotar al jornalero humilde y pobre, al que hay que pagar su retribución con prioridad a cualquier otra cosa. Su exposición puede resultar atractiva, pero carente de todo contenido si nos quedamos sólo con esas palabras de Moisés sin una reflexión profunda.
En el citado pasaje del Deuteronomio, Moisés habla del jornal que el trabajador ha ganado con su esfuerzo. Por ello, recomendar justicia en la renta del trabajo y prioridad y puntualidad en su pago, en una España con más de cuatro millones de ciudadanos que no tienen la posibilidad de trabajar honradamente, parece una broma de mal gusto. Aunque, quien sabe, quizás la Biblia contiene las claves que nos pongan en el buen camino para resolver nuestros problemas.
En el evangelio de San Mateo (23, 2 - ss) se comenta como Jesús, dirigiéndose a la gente y a sus discípulos, advierte: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas». Este texto viene a los españoles como anillo al dedo. Se piden esfuerzos y se anuncian recortes en los derechos adquiridos de los ciudadanos, al tiempo que sabemos de la existencia de privilegios y gastos desenfrenados en quienes ordenan esos sacrificios. No hace falta ser ningún lince para saber que hay muchos rincones en los que se pueden recortar gastos para equilibrar presupuestos y solucionar el déficit, sin necesidad de subir impuestos o poner obstáculos y limitaciones a nuestras ya escuálidas pensiones. Por eso, en España y en estos momentos, lo único que hay que hacer, de una puñetera vez, es coger al toro por los cuernos.
Permítaseme terminar recordando unas palabras de San Pablo a los Tesalonicenses (2 TS. 3. 10-12): «Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo.» ¡Sobran comentarios!.

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