Los fantasmas de Polanski y Gingsberg
Pierce Brosnan, Olivia Williams y Ewan McGregor asisten a la rueda de «The ghost writer» /EFE
Actualizado Viernes , 12-02-10 a las 19 : 21
En días como el de hoy, el cacareado arresto domiciliario de Roman Polanski es más un premio que un castigo: como en la casa de uno, en ningún sitio. La historia de dos fantasmas, la del escritor protagonista de su película («The ghostwriter») y la del propio director, del que no se logró ver ni una brizna de su ectoplasma, fue el acontecimiento de la sección oficial, entre otras cosas porque atrajo hasta este iglú a Pierce Brosnan, a Ewan McGregor y Kim Cattrall.

El escritor fantasma del titulo es lo que vulgarmente se llama en España «negro», alguien que escribe en lugar de otro, y la novela de Robert Harris que Polanski visualiza casi literalmente se titulaba «El poder en la sombra», y cuenta la sorprendente historia de un escritor de segunda al que le encargan la autobiografia del ex primer ministro britanico, quien tiene algunos puntos de sospechosa coincidencia con Tony Blair.
Mundos y temperaturas incompatiblesPolanski traduce con solvencia y talento la intriga de esta historia que se retuerce de forma turbadora y que mezcla mundos y temperaturas incompatibles, como la sucia política con una maravillosa casa acristalada o la mala literatura con unos dialogos precisos y llenos de fuerza y de ironía. Todos los actores comprenden sus personajes y los interpretan notablemente, pero Ewan McGregor está, además, más cómodo en él de lo que ha estado nunca.


Los fantasmas de Polanski y Gingsberg
La estrella del cine indio Shah Rukh Khan
Pero la comodidad era la nota hoy en la pantalla, pues la estrella del cine indio Shah Rukh Khan parecía nacido para interpretar al personaje de «My name is Khan», un tipo que es un cacho de pan y que padece el síndrome de Asperger, que consiste en un transtorno de las respuestas emocionales y que, al menos en la película, se traduce en un poner nerviosos a los demas.


Y tán comodo como Shah Ruk Khan con su asperger estaba James Franco en el pellejo de Allen Ginsberg, el poeta del tornillo suelto que refleja muy bien la película «Aullido», en honor a su célebre poema. La han dirigido Epstein y Friedman con mucha creatividad, parándose en el proceso al que fue sometido el poeta y su poema acusado de obsceno, pero también en algunas claves y personajes de la llamada generación Beat, como Kerouak, Neal Cassady o Peter Orlovsky, que fue pareja de Gingsberg hasta su muerte.

No deja de ser curioso que el festival de Berlín haya seleccionado para la competición a «My name is Khan», el primer «bollywood» hecho al lado de Hollywood, pues narra, a su modo melodramático subido y con esa mezcla de optimismo y zapatazo propio de ese tipo de cine, el camino de espinas de un indio musulmán en los Estados Unidos a raíz del 11-S. La mirada es muy, muy ingenua, pero la reflexion ya no lo es tanto.

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