Las protagonistas y el director de «Tuan Yuan» /EFE
Actualizado Martes , 23-02-10 a las 11 : 28
Tendría que haber venido a inaugurar esta edición de la Berlinale Sharon Stone con su picahielos, pues está la ciudad como para ir colocando el pescado en las aceras. Pero el programa de fiestas del sesenta cumpleaños del festival prefirió que inaugurara una película muy, muy cálida, la china «Separados, juntos», de Wang Quan’an, tan entrañable y familiar como la imagen de mamá canguro con su cachorro dentro de la bolsa.

Este director, perteneciente a la muy observadora sexta generación del cine chino (junto a cineastas como Jia Zhangke o Zhang Yuan), ya ganó un Oso de Oro en el 2006 con «La boda de Tuya», también una película que miraba a la familia como desde detrás de una taza de caldo.
Romper el hieloUna buena manera ésta de romper el hielo, de abrir fuego, con una pelicula cuyos personajes están tan minuciosamente trazados como los planes del Pentágono: al seno de una familia cuajada de Sanghai, llega la noticia de que vuelve de Taiwan, cincuenta años después y cuando le dejan, el hombre que abandonó a la madre, embarazada además del que ahora es el hijo mayor de esa familia… El anciano marido, los hijos, la propia mujer, reciben a ese hombre con educación y entusiasmo, y éste les contará algo parecido al capítulo parisino de Ilsa y Rick anterior a Casablanca: era militar destinado a Taiwan, se tenía que reunir en el embarcadero con ella, no llegó, se embarcó y… ya nunca pudo volver.
La camara de Quan’an recoge con sencillez la vida de esa familia, esencialmente alrededor de gran cantidad de cuencos de comida humeante y de conversaciones de una delicadeza y cortesía igualmente humeantes. Resuelve los conflictos interiores, las colisiones y los compromisos entre los personajes, marido, hijos, padre, amor truncado…, de ese modo tan sutil y visual de empapar sus sentimientos con el paisaje que les rodea, un barrio de barracones en medio de los grandes rascacielos de Sanghai y el conflicto tambien entre casas que se destruyen y edificios que se construyen.
El temor en los ambientes del Festival era que la obsesión por nevar desluciera la ceremonia inaugural (no estaba la noche para espaldas al aire) o que disuadiera del viaje hasta aquí a algunas de las estrellas que se esperan en la Berlinale. No hay que perder la esperanza de que, una vez se pongan a rodar la programación de las películas, esto deje de parecer los Juegos de Invierno en vez de un encuentro de cine.

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