Actualizado Viernes , 05-02-10 a las 19 : 22
Era de armas tomar. No en vano, se autodenominaba «El enemigo», que además dio título a una de las revistas que fundó. Quienes mejor le conocen, dicen que daba miedo, que era un hombre demasiado energético y radical, raro y oscuro, polémico y creador de hostilidades, amante de la sátira, que provocaba el caos allá por donde pasaba y canalizaba el veneno como programa artístico. Entre las víctimas que probaron su mortal veneno, la Academia británica, por haber rechazado su retrato de T. S. Eliot. Se le echó en cara ser poco inglés y demasiado europeo; siempre se le vio como «un esqueleto en el armario de la cultura londinense».
JusticiaQuizá por eso, y por haberse involucrado en la política —su talón de Aquiles—, no se le ha hecho justicia; ni siquiera se le ha legitimado en su tierra. Pero la Fundación Juan March se ha propuesto sacar del armario a «ese genio sin talento» —entendiendo por talento el oficio, el orden, la técnica—, a ese hombre orquesta polifacético y original: retratista, pintor de guerra, dibujante, pionero de la abstracción, novelista, poeta, filósofo y ensayista (publicó medio centenar de libros), crítico, fundador de revistas como «Blast», cuyo primer número ha editado en facsímil la Fundación Juan March, y de movimientos como el vorticismo (único movimiento inglés de vanguardia, a caballo entre cubismo y futurismo). Y lo hace con la mayor exposición organizada desde su muerte, en 1957: 150 obras y más de sesenta libros y revistas nos desvelan a un gran artista y una personalidad fascinante.
A través de un montaje laberíntico vamos descubriendo el genio de este pintor-escritor, escritor-pintor, que regresa a Madrid más de cien años después. Vino con un amigo en 1902, se alojó en la calle Mayor y fue copista en el Prado, donde se rindió ante Goya. Entre las piezas expuestas, los dibujos que hizo para ilustrar «Timón de Atenas», de Shakespeare, proyecto que nunca llegó a buen puerto, pero que la Fundación March sí ha hecho realidad. Se ha dado el capricho de publicar ese libro. Además, dedica a Lewis sendos ciclos de conferencias y conciertos. Han colaborado en este ambicioso proyecto los principales conocedores de la obra de Lewis, como Paul Edwards y Richard Humpheys. Su comportamiento frustró su posteridad, dice Javier Gomá, director de la Fundación Juan March, y se le castigó con el silencio, pero ese ilustre atropellado que la Historia dejó en la cuneta (Manuel Fontán dixit), místico y clarividente, supo adelantarse al futuro y predecirlo.

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