Rafael Balanzá presenta «Los asesinos lentos»
Rafael Balanzá durante la presentación de su novela ganadora | EFE
Rafael Balanzá (Alicante, 1969)
Reside en Murcia desde 1986. En enero de 2002 fundó la revista El Kraken, cuya trayectoria se ha prolongado hasta febrero de 2009, a lo largo de 27 números. De ella dijo Fernando Arrabal que era sin duda la mejor revista de Europa. En el 2007, animado por el también escritor Manuel Moyano -su descubridor literario-, publicó Crímenes triviales, una colección de relatos muy bien acogida por la crítica. Los asesinos lentos es su primera novela.
El Premio de Novela Café Gijón fue instituido en 1949 como réplica del prestigioso Premio Nadal que se convocaba en Barcelona. La idea provino del actor Fernando Fernán Gómez y un grupo de amigos con los que compartía tertulia en el café del Paseo de Recoletos, entre los que se encontraban Camilo José Cela, José García Nieto, Manuel Aleixandre, Eduardo Haro Tecglen.
Desde 1989, el Ayuntamiento de Gijón es el encargado del patrocinio y la organización de este premio, que cuenta en su nómina de ganadores con autores de la talla de Carmen Martín Gaite, Eduardo Mendicutti, Luis Mateo Díez, Luis del Val, Fernando Quiñones, José Carlos Somoza, Lázaro Covadlo o Carmen Boullosa, ganadora de la edición anterior.
Actualizado Miércoles , 03-02-10 a las 18 : 59
Ya son 61 años desde que en 1949, Fernando Fernán-Gómez y un grupo de contertulios (Cela, Manuel Aleixandre, José García Nieto), entre cafelito y carajillo, crearon el Premio de Novela Café Gijón, la réplica madrileña al Nadal barcelonés. Desde entonces, se han subido a la cubierta de este singular navío de premiados autores como Eduardo Mendicutti, Carmen Martín Gaite, Luis Mateo Díez, Luis del Val, Fernando Quiñones, entre otros.
El nuevo miembro de la tripulación de los galaronados por el café del Paseo de Recoletos es Rafael Balanzá, alicantino del 69, residente en Murcia y autor de «Los asesinos lentos», una novela de la que el jurado destacó su «audacia narrativa, y una trama que se sustenta en una estructura muy construida que mantiene en vilo al lector, llevándolo a un desenlace ingenioso e inesperado».
Una trama que comienza con los acordes de un reencuentro entre dos viejos colegas en una banda de rock and roll y la amenaza de uno de ellos sobre el otro: «Quiero que sepas desde ahora que te voy a matar…». Ése es el principio, y ya en la primera página, de la novela que ayer presentaron en Madrid, en el Café Gijón, por supuesto, los colaboradores y críticos de ABC Mercedes Monmany y Luis Alberto de Cuenca, así como el propio autor. Monmany destacó de la obra su condición kafkiana, vertebrada en «una amenaza extravagante, persistente, insólita, y su tratamiento de la espera y la dilación», así como su «humor negro, a menudo desconcertante». Por su parte, De Cuenca aseguró que la repercusión de «Los asesinos lentos» va a «ser memorable» y destacó que Balanzá posee un refinado «gusto por la narración, por contar algo y contarlo bien, de forma que produce una enorme satisfacción en el lector».
Finalmente, el novelista premiado contó algunos detalles sobre la concepción de su obra, nacida de una conversación con un amigo, el también escritor Manuel Moyano, en la que «tras "n" cervezas, nos planteamos si realmente existe un método infalible para escribir una novela, si existe alguna piedra filosofal. Pasada la medianoche, nos contestamos que se necesitaban dos personajes sólidos que se hablasen incluso sin oírse, un quiebro inesperado en alguno de sus pasajes y un principio que te cace y te atrape como el de "El tercer hombre" de Graham Greene. Éste es el resultado de aquella noche».
Y te voy a matar...
Valle y Cáceres formaron parte en los noventa de un grupo de pop rock. Ensayaban juntos, tocaban juntos, se emborrachaban juntos. Llevan muchos años sin verse cuando se encuentran en un café. Allí charlan animadamente y recuerdan, entre risas, anécdotas del pasado. Después Valle le anuncia a su amigo que ha decidido matarlo y que lo hará pronto. El resto de la novela viene a ser algo así como la onda expansiva de esta primera revelación, a partir de la cual el relato avanza trepidante hasta un desenlace sorprendente y extrañamente lírico que dejará al lector sin aliento. 
El jurado del Premio Café Gijón destacó la «audacia narrativa» de la obra de Rafael Balanzá, «cuya trama se sustenta en una estructura muy bien construida que mantiene en vilo al lector, llevándolo a un desenlace ingenioso e inesperado».

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