Actualizado Jueves , 11-03-10 a las 12 : 32
El 24 de enero de 1960, hace 50 años, ABC anunciaba una de las mayores proezas del hombre durante el siglo XX. «El batiscafo “Trieste”, de la Marina norteamericana, ha descendido a una profundidad de más de 11 kilómetros en la Fosa de las Marianas, junto a la isla de Guam, con lo que ha batido todas las marcas de inmersión anteriores». Aquel viaje a las profundidades del océano, que ningún hombre se ha atrevido a realizar jamás, fue protagonizado por el científico y explorador suizo, Jacques Piccard, junto al teniente de la Marina estadounidense, Don Walsh.
Aunque se dijo que Piccard había descendido hasta los 11.340 metros de profundidad, lo cierto es que unas mediciones hechas en 1995 determinaron que el valor real había sido 10.911 metros (35.797 pies), una distancia más que suficiente para que el científico suizo fuera considerado «uno de los últimos grandes exploradores del siglo XX, un verdadero capitán Nemo que atravesó las profundidades marinas hasta donde ningún hombre había llegado antes, ni después», dijo ABC cuando murió el científico, el 1 de noviembre de 1998, con 86 años.
Piccard y Walsh aún se mantienen como las dos únicas personas que han logrado descender al punto más profundo de la Tierra. Lo hicieron tan solo seis semanas después de establecer el anterior record mundial, en 7.200 metros. Eso quiere decir que el 23 de enero de 1960 pulverizaron sobradamente la marca anterior, descendiendo hacia la sima Challenguer más de tres kilómetros y medio más.
El viaje submarino se realizo en cinco horas y los dos exploradores estuvieron en el fondo oceánico cerca de 20 minutos, antes de comenzar el ascenso hacia la superficie con una ventana fracturada a causa de la aplastante presión atmosférica, demorándose tres horas y 15 minutos. Más de ocho horas y media estuvieron Piccard y Walsh ejecutando las maniobras y realizando todas las observaciones previstas.
El clan PiccardAl explorador suizo todo le venía en los genes. Jacques sólo continuó el trabajo de su padre, Auguste Piccard, el físico amigo de Albert Einstein y Marie Curie que inventó el globo estratosférico y el batiscafo en el que descendió su hijo, que ayudó a construirlo.
El mismo batiscafo fue comprado con la Marina norteamericana al clan Piccard, con el propósito de «demostrar que Estados Unidos tiene ahora capacidad para la exploración por hombres del lecho marino en sus partes más profundas».
Tras aquella hazaña, Jacques Piccard se dedicó a construir mesoscafos (sumergibles de profundidades medias), incluyendo el primer submarino turístico que llevó hasta 33.000 pasajeros hasta las profundidades del Lago Ginebra durante la Exhibición Nacional Suiza de 1964.
En 1969, protagonizó un nuevo hito, cuando estuvo un mes bajo el agua en uno de sus submarinos y recorrió 3.000 kilómetros analizando la corriente del Golfo. Todo ello con la misma fe en la tecnología con la que había dirigido la construcción de todos y cada uno de los submarinos que diseño, probándolos en la primera inmersión, él mismo, hasta cumplidos los 82 años.
Más de tres décadas después, el Centro Japonés de Tecnología y Ciencia Marina (Jamstec) envió un robot submarino a la Fosa de las Marianas para batir en 12 metros el record de Piccard y Walsh, pero aquel, no iba tripulado.
En 1992 la Universidad Católica de Lovaina le concedió, junto a su hijo, otro gran científico y explorador que ha perpetuado los pasos de la familia, el doctorado honoris causa por «rechazar los límites de lo posible, para explorar la Tierra en su fuero interior, uno más allá de las mareas, otro más allá de las nubes».
«No hay duda alguna de que el hombre se encamina hacia la última aventura en los cimientos de la tierra», dijo Jacques un año después de su descenso.

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