Actualizado Jueves , 21-01-10 a las 14 : 14
«Probablemente va a morir pronto. No creo que sirva de nada ayudarle. Es una pérdida de tiempo. Si pudiera pedir un deseo, desearía que nos dejara», decía Regan hace poco más de un año sobre su padre, el futbolista Paul Gascoigne, el mismo que provocó su declive deportivo y arruinó toda su vida a causa del alcohol. «Que haya sido un gran jugador –añadía el niño, de tan sólo 12 años– no quiere decir que sea un buen padre».
Así fue «Gazza», un mal padre, un pésimo ejemplo, pero un auténtico genio con el balón, un fino centrocampista de regate corto que hacía maravillas en el uno contra uno, desde que comenzara su carrera en el Newcastle, el club de su ciudad natal.
Firmo por «The Magpies», como se conoce al club, en 1983, cuando tan sólo tenía 16 años, pero pronto se destapó como la gran promesa del fútbol inglés... un jugador diferente, como de otra galaxia. «Esta dormido o bebiendo agua la mayor parte de los encuentros, pero de pronto despierta y te mete un gol de fábula o da asistencias geniales», podía leerse en ABC durante la Eurocopa de 1996, celebrada en Inglaterra.
Uno de los goles más recordados de su carrera lo marcó cuando jugaba en el Tottenham frente al Arsenal inglés, en las semifinales de la Copa de Inglaterra, con el que se metía en la final. Y, como en toda su vida, aquella alegría acabó en desgracia, cuando una rotura de ligamentos se cebó con el excéntrico jugador, que estaba a punto de fichar por la Lazio.
Cuando tras un año en blanco fichó, en 1992, por el equipo italiano, que pagó 5,5 millones de libras por él, la estancia de Gascoigne en Roma no fue menos traumática: más lesiones, abundantes salidas nocturnas, muy mala prensa… no se pudo ver allí a este genio del balón que, en 1996, resurgió en el Glasgow Rangers, donde marcó 19 goles, ganó el título de liga y fue nombrado futbolista del año.
«Parece un “bluff”, pero hay que tener ciudado con él porque te la hace en medio segundo, cuando menos te los esperas», se decía de él. Una exposividad y un regate que le llevaron, a pesar de las recaídas, a ser seleccionado por Inglaterra en 57 ocasiones, con la que acudió al Mundial de Italia de 1990.
Allí protagonizó una de sus escenas más recordadas, una que conmovió al mundo: el llanto convulsivo que provocó en él la segunda tarjeta amarilla en la semifinal contra Alemania Federal, aquella que le impedía, en el caso de que se hubiera ganado su equipo, cumplir su sueño de jugar un final histórica.
Pero la historia de «Gazza» es la de un genio con balón que «sucumbió a una enfermedad bastante común entre los futbolistas ingleses»: el alcohol. Tony Adams, Paul Merson oTeddy Sheringham son los más destacados e una lista que cerró George Best, quien antes de morir dijo: «En 1969 dejé las mujeres y el alcohol. Fueron los peores veinte minutos de mi vida».
Al dejar el fútbol, en 2004, con el Boston United, fue de mal en peor. En 2008 fue recluido en dos ocasiones, contra su voluntad, conforme a la ley de salud mental de Inglaterra y Gales e ingresado más tarde en el hospital de Faro, en Portugal, por una sobredosis de alcohol y drogas.
«¡It´s fat, it´s round, it´s always in the ground. Who is? He´s Paul Gascoigne, Paul Gascoigne, Paul Gascoigne!», le cantaban los escoceses en Wembley al «bruto genial» («¡Es gordo, es redondo, está siempre en el suelo. ¿Quién es? –decían como en referencia al balón–. ¡Es Paul Gascoigne!»).

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