sabes, navidad
sabes, navidad
Publicado Actualizado domingo , 20-12-2009 a las 02:46:10
Suele haber bastante despiste a la hora de comprender qué es la Navidad, sobre todo en aquellos que se van alejando poco a poco de la fe cristiana, de la vida de la Iglesia. Entiendo que éstos sufran y que critiquen la Navidad como días sin sentido: lo que ven en la calle, en los comercios, en los medios de comunicación de la Navidad es sólo un aspecto externo de este tiempo y no precisamente el más genuino. Ignoro si estas palabras ayudarán a estas personas escépticas ante el periodo navideño; pero ahí están. Las dirijo también para mí, porque tampoco me gustan muchas cosas ajenas al sentido profundo de Navidad, pero aparecen unidas tantas veces.
¿Qué es Navidad? Sencillamente contemplar cómo Dios se hace en Cristo pequeño, niño, bebé, en un momento de la historia. No deja de ser Dios, su Hijo Amado, pero empieza a ser hombre verdadero en una persona concreta: Jesús de Nazaret, unigénito de Dios. La tradición cristiana ha visto en este nacimiento el inicio de la presencia de Cristo Salvador e inicio de su última venida. Por eso el nacimiento en Belén es luz; y esta luz de Belén nunca se ha apagado. Ha iluminado a hombres y mujeres a lo largo de los siglos, «los ha envuelto en su luz».
Donde ha brotado la fe en aquel Niño, ha florecido también la caridad: la bondad hacia los demás, la atención solícita a los débiles y a los que sufren, la gracia del perdón de los pecados. Desde Belén no hay aburrimiento; hay una estela de luz, de amor y de verdad que impregna los siglos. Si nos fijamos en los Santos -desde san Pablo y san Agustín a san Francisco y santo Domingo, desde san Francisco Javier a santa Teresa de Jesús, desde la Beata Teresa de Calcuta al Beato Cardenal Sancha-, vemos esta corriente de bondad, este camino de luz que se inflama siempre de nuevo en el misterio de Belén, en el que Dios se ha hecho un Niño. Contra la violencia de este mundo Dios opone, en este Niño, su bondad y nos llama a seguir al Niño.
Navidad no es una fiesta inventada para la nostalgia, para jugar a ser niños que haga desaparecer momentáneamente nuestro aburrimiento, un día en que hemos de sentirnos «buenos», sin que cambie el corazón. Tampoco es un tiempo que nos aleje de la situación en que vive la sociedad. La señal de Dios es que Él se hace pequeño por nosotros. Él no viene con poderío y grandiosidad externos. Viene como niño inerme y necesitado de nuestra ayuda. No quiere abrumarnos con la fuerza. No quiere de nosotros más que amor. Dios se ha hecho pequeño para que nosotros pudiéramos comprenderlo, acogerlo, amarlo. Ese es el gran mensaje de Navidad. Lo triste es que algunos creen que no necesitan de Dios; no lo quieren.
El Verbo eterno, pues, se ha hecho pequeño, tan pequeño como para estar en un pesebre; así está a nuestro alcance. Dios nos enseña de este modo a amar a los pequeños. A amar a los débiles. A respetar a los niños. El Niño de Belén nos hace poner los ojos en todos los niños que sufren y son explotados en el mundo, tanto los nacidos como los no nacidos, abortados al amparo de despenalizaciones o de leyes abortistas. En los niños convertidos en soldados y encaminados a un mundo de violencia por la extrema pobreza y condiciones de vida nefastas; en los niños heridos en lo más profundo del alma por medio de la industria de la pornografía y de todas las otras formas abominables de abuso; en esos niños que tienen que mendigar, porque sufren la miseria y el hambre; en los niños carentes de todo amor. En todos ellos, es el Niño de Belén quien nos interpela, en Navidad de modo especial, pero todo el año.
Navidad es también tiempo de preguntas: ¿Tenemos tiempo para el prójimo que tiene necesidad de nuestra palabra, de mi palabra, de mi afecto? ¿Para aquel que sufre y necesita ayuda? ¿Para el prófugo o el refugiado que busca asilo? ¿Tenemos tiempo y espacio para Dios? ¿Puede entrar Él en nuestra vida? ¿Encuentra un lugar en nosotros o tenemos ocupado todo nuestro pensamiento, nuestro quehacer, nuestra vida, con nosotros mismos? Es bueno que nos respondamos mientras nos deseamos una Feliz Navidad.
Arzobispo de Toledo, primado de España

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