Interior niega los malos tratos
El Ministerio del Interior ha aclarado, mediante un comunicado, la situación denunciada por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). En primer lugar asegura que siempre que se tiene conocimiento de cualquier episodio de malos tratos en un CIE, el centro lo comunica sin excepción a la Autoridad Judicial.

Además aclaran que de los casos denunciados por la CEAR sólo se tuvo constancia de uno de ellos, el incidente ocurrido el 29 de mayo de 2009, cuyo proceso ya se encuentra en las autoridades judiciales pertinentes.

El comunicado finaliza reiterando el compromiso del Gobierno con el cumplimiento de los Derechos Humanos, recordando que el Consejo de Ministros aprobó el 12 de diciembre de 2008 el Plan Nacional de Derechos Humanos.
Actualizado Miércoles , 09-12-09 a las 18 : 59
La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) ha documentado en un informe fruto de una investigación realizada en tres de los ocho Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) que existen en España, que estas instalaciones donde se retiene a los inmigrantes que van a ser expulsados del territorio nacional "son un agujero negro de los derechos humanos" donde las personas se encuentran en situación "infrahumana" y en ocasiones sufren "malos tratos y torturas".
El informe, elaborado en colaboración con el Servicio Jesuíta de Ayuda al Refugiado en el marco de su programa (DEVAS) de monitorización de los CIE en 23 países europeos, recoge un centenar de entrevistas realizadas con funcionarios, directores e internos de los centros elegidos aleatoriamente tras visitar las instalaciones de Aluche (Madrid), Capuchinos (Málaga) y Zapadores (Valencia) con la autorización del Ministerio del Interior.
Según explicaron en rueda de prensa el director del estudio y psiquiatra Pau Pérez y el secretario General de CEAR, Alfredo Abad, de las entrevistas y la observación de los investigadores se desprende que el CIE de Valencia es el de "condiciones más duras" en cuanto a instalaciones y trato a los internos, seguido del de Madrid y el de Málaga. No obstante, "en todos ocurren cosas que no deberían ocurrir", señaló Pérez.
En primer lugar, el informe desmiente que la mayor parte de los internos sean delincuentes ya que "la mayoría son ciudadanos normales y corrientes que llevan mucho tiempo en España" (el 48,6%) y que han cometido una falta administrativa ya que "sólo el 21,6% habría sufrido una detención anterior en España, el 14,9 por causa penal".
Por nacionalidad, el 20% son africanos que han sido interceptados cuando viajaban en pateras y cayucos, otro 20%, africanos que llevan más de cuatro años en España, un 20% ciudadanos asiáticos y del este de Europa y el 40% restante, latinoamericanos que no han podido regularizar su situación, según el estudio.
Estas personas no reciben información sobre el reglamento del centro a su llegada ni documento que pruebe su estancia una vez puestos en libertad. Además, "la mayoría no tiene ni idea de por qué está allí" y seis de cada diez "no conocen el nombre de su abogado ni tienen forma de contactar con él", tampoco conocen las posibles vías de queja, no tienen interlocutores ni trabajadores sociales y en muchos casos, tampoco traductor.
En cuanto a las instalaciones, el informe señala "problemas que afectan a la dignidad", como que los internos no dispongan de una muda y permanezcan durante días con la misma ropa interior, que no tengan sábanas y deban cubrirse con mantas ignífugas que producen lesiones cutáneas, que deban hacer sus necesidades en una botella vacía por no poder salir al baño durante la noche o que se encuentren hacinados en espacios llenos de humedad y faltos de luz.
Pérez señaló que estas condiciones pasan factura al estado de los internos, un dos por ciento de los cuales expresaron ideas suicidas "estructuradas y consistentes" en las entrevistas, además de otras consecuencias psicológicas como depresión o ansiedad --el 40% está completamente desesperado--, y físicas, como debilidad o adelgazamiento que un 34% de los entrevistados atribuyeron a la mala comida de los CIE y otro 32%, a su cantidad insuficiente.
Malos tratos y torturas
Por otra parte, el 32% de los internos de los CIE dicen sufrir un trato negativo verbal o físico dentro del centro y un 17,7 señala que existe "discriminación" y "la queja más generalizada es de maltrato selectivo hacia los detenidos magrebíes en el CIE de Valencia". Para el 25,4% existen malos tratos en los CIE, que el 19,6% atribuye a "policías o funcionarios que, a título individual, tienen actitudes vejatorias, con gritos, maltratos o golpes (sobre todo en Madrid y Valencia)".
"Algunos de los testimonios recogidos por este equipo y adecuadamente triangulados y contrastados permiten afirmar con datos de convicción firme o convicciones probadas que han existido en las fechas inmediatas a la visita actos calificables como de tortura a internos en los CIE de Madrid y Valencia", afirma el informe, según el cual el cuatro por ciento de los internos han sufrido este tipo de trato.
En este sentido, Pérez incidió en que la organización ha recogido "casos que merecerían una intervención decidida contundente del Ministerio del Interior" ya que ha "podido comprobar las consecuencias de los malos tratos" que en ocasiones se producen en "zonas grises de videovigilancia", es decir, en lugares como la lavandería o la sala de identificación donde no se dispone de cámaras de seguridad.
Precisamente CEAR recogió en el CIE de Madrid el caso de malos tratos a un interno dentro de la lavandería y tuvo conocimiento de la existencia de una grabación en la que se veía en qué condiciones entró esa persona en la habitación y en qué condiciones salió después. "Esperamos que no se destruya esa cinta porque no sabemos qué ha sido de ella", señaló Abad.
La organización ha recogido en el informe el testimonio de esta supuesta víctima: "Un policía del CIE me metió en la lavandería donde guardan las mantas y me dijo que esperara allí, entonces entró un policía que no es del CIE (. . . ) con calma se puso unos guantes azules, cerró la puerta y empezó a darme golpes y puñetazos salvajes en la cara, en el cuerpo, patadas. . . Yo me doblé, caí al suelo e intenté protegerme y ahí es donde él me partió el brazo de una patada".

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