El hermano corazonista Valeriano López, maestro de uno de los 1.900 centros religiosos de España, recibe como «amenaza» la iniciativa de PSOE y ERC
En España, 1.900 centros educativos son regentados por congregaciones e instituciones religiosas que profesan el catolicismo. Ante la proposición no de ley aprobada el pasado miércoles en el Congreso de los Diputados -por PSOE y ERC- para retirar los símbolos religiosos de las escuelas, los dirigentes de estos centros, docentes y padres de alumnos ya han sacado sus escudos ante lo que consideran «una amenaza».
El hermano corazonista Valeriano López, maestro del Centro de Educación Infantil, Primaria y Secundaria Sagrado Corazón (Madrid) no da crédito a la persecución de las representaciones religiosas. Ante la duda de si esta iniciativa finalmente repercutirá en los centros concertados, el hermano dice que es «el primer paso para que vayan quitando todos los crucifijos de los centros que están subvencionados por el Estado. Comienzan con los crucifijos y luego nos quitarán todo».
Marta Barandiarán es orientadora de este centro desde hace seis años. A Marta le extraña que se vaya «en contra de un signo cultural que no supone ninguna imposición». «Una cruz, ahora en España, -continúa- significa el símbolo de una cultura de muchos siglos. Es un signo que aglutina una serie de valores como el amor, la entrega o el respeto». Los educadores de este lugar aseguran que en sus 50 años de funcionamiento, «jamás han tenido ningún problema con la simbología y la enseñanza ni por parte de los padres ni por los alumnos». «Y mucho menos por las cruces», matiza Marta.
«Erradicación de todos»
El director del colegio de Infantil y Primaria Príncipe de Asturias, de Móstoles (Madrid), se muestra partidario de que el Gobierno erradique los símbolos «de todas las escuelas». «La Cruz, el velo, todos los símbolos de cualquier religión son excluyentes de otra. No tienen que estar presentes en ningún centro educativo de un Estado aconfesional», concluye.
Carmen Gómez recoge a sus hijos de 10 y 12 años del centro de estudios Santísimo Sacramento, otro colegio religioso madrileño. «En un lugar de estas características no tienen por qué quitar ningún crucifijo ni representaciones. Yo traigo a mi hijo consciente de que es católico. Para eso están los públicos», amonesta. «Es una cuestión de costumbre y cultura. Nada más», expresa una religiosa de este centro.
«Desviar la atención»
Conchita tiene dos hijos de 10 y 14 años estudiando en el Sagrado Corazón (Madrid). «Los colegios concertados y privados deberían de tener el poder de decidir qué quieren ser». Su compañera, Pilar, se muestra más tajante: «En educación hay cosas más importantes a las que dedicarse como la disciplina y los recursos de las escuelas. Esto es una forma de desviar la atención de la crisis», manifiesta.
La orientadora del Sagrado Corazón reflexiona sobre el hecho de que el Estado «cede su responsabilidad educativa a una institución para que la desarrolle y para que eduque. Si no deja libertad para que aporte lo que es suyo, no tiene sentido». Marta va más allá: «Igual que otra gente puede manifestar libremente sus tendencias políticas o sexuales, ¿por qué en este aspecto no podemos tener libertad para expresar a través de un signos lo que somos?», se pregunta.
Rebeca Maya tiene 16 años y es estudiante de primero de Bachillerato en un centro religioso. «Sabemos dónde venimos. Nadie tiene por qué obligar a quitar los símbolos». Sin embargo, Rebeca no da importancia a tener o no un un crucifijo en clase, la procesión va por dentro. «Llevo toda la vida estudiando ante él y estoy acostumbrada».
«No molestan a nadie»
Tanto su compañera Keila, de 17 años, como Sara, de 16, consideran que los emblemas «no molestan a nadie». Sara atiende una diferenciación: «En los colegios religiosos no me importa que haya crucifijos, igual que en los musulmanes habrá lo que tenga que haber. Quizás en sitios públicos sí ofende a alguien, pero aquí no creo que haga daño a nadie. Quien no crea, que no venga».
En el Sagrado Corazón, el mismo centro donde el actual ministro de Educación, Ángel Gabilondo, dio clases como fraile, según los hermanos corazonistas, están dispuestos a batallar. «Tenemos que defender nuestro ideario, la enseñanza cristiana. Si nos falta el principal elemento, Jesucristo, el símbolo de nuestra fe, nuestra docencia no tiene sentido», protesta el hermano Valeriano. «Si nos obligan a quitar los crucifijos, nos opondremos, aunque nos quieran quitar la subvención. Ahí se queden con su enseñanza. Nos iremos a América», sostiene rotundo.

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...
Facebook ABC.es