El ingreso en prisión de 31 de los 35 canteranos de ETA detenidos la pasada semana en el País Vasco y Navarra pulveriza el récord histórico de presos de la banda, que ahora se sitúan en 762.
De hecho, el arresto de los cabecillas de Segi constituye la mayor dedada contra el complejo ETA llevada a cabo en los últimos años. Según datos de Etxerat, la asociación de familiares de presos, sólo entre julio de 2007 y mayo de 2008 las Fuerzas de Seguridad arrestaron a más de setenta jóvenes proetarras, demostración de que uno de los actuales pilares de la lucha antiterrorista es el desmantelamiento de la cantera llamada a formar la nueva ETA.
Junto a la eficacia policial y la contundencia de la Justicia, la progresiva aplicación de la «doctrina Parot» explica este aumento del «colectivo de presos políticos vascos».
Este incremento constituye en la actual coyuntura una carga de explosivo caducado que le puede estallar a ETA en cualquier momento, porque cada vez son más profundas las grietas aparecidas en el «colectivo de presos», tradicionalmente muy homogéneo.
Un elevado número de presos se sintió decepcionado cuando ETA, a sus espaldas, dinamitó la última tregua, sobre la que habían depositado expectativas. Cada vez aparece más lejana aquella promesa que les transmitían los cabecillas: «saldréis pronto de la cárcel gracias a la negociación con el Estado».

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