Enrique Morente: «Esta profesión tiene muy, pero que muy mala leche»
El cantaor Enrique Morente /EFE
Soleá Morente: la nueva y luminosa estrella de la saga
Enrique Morente lleva el cante y el flamenco en la sangre. Es su latido, es su vida, su sustento, sus sueños, y sus realidades. Y para su fortuna y su orgullo, la gigantesca jondura de sus genes tiene herederos. Herederas, más bien. Primero fue Estrella, Estrella Morente, una de las más grandes, sentidas y carismáticas cantaoras de las últimas décadas. Pero ahí no acaba la cosa. Porque en este álbum se incorpora a la saga otra voz y otra presencia prodigiosa, la de su hija Soleá, que canta como los ángeles (flamencos, claro) en la conmovedora «Nanas de Oriente». «Sí, claro que estoy orgulloso, pero como me sigan saliendo cantaoras y cantaores voy a tener que poner una tienda del cante. Lo hacen bien, sí, sí, si es que ése es el problema, que lo hacen bien, si lo hicieran regulín, un poquillo por aquí, otro poquillo por allá, podría decirles que no, pero de la manera en que cantan sus padres tenemos que ayudarlos en todo lo que podamos».
Martes , 24-11-09
Parece como si el Duende, así con jondísimas mayúsculas, se hubiera encarnado en este granaíno. Puede ser el más cabal de los cabales y ha sido también uno de los hombres que más puertas le ha abierto al flamenco en las últimas décadas. Enrique Mose ha acercado al rock, a las músicas del mundo, ha puesto en quejío a Lorca, a San Juan de la Cruz, a Lope de Vega. Pero los nuevos caminos que ha abierto no nacen de la nada, vienen de un profundísimo, esforzado y emocionado conocimiento de la tradición y de la ortodoxia. Dicen que nunca ofrece dos conciertos iguales. Y más de una decena de catas podrá hacer ahora el aficionado en «Flamenco en directo», su nuevo álbum que hoy se pone a la venta, y que también es el primer disco registrado en vivo por el maestro del Albaicín.
«La verdad -explica- es que es un proyecto que tenía en cartera desde hacía tiempo, a ver si lo hago, ya lo grabaré, me decía, hasta que llegó mi mujer y me dijo, Enrique, que hay que pagar la luz, y esto y aquello, vamos, que te digo que hagas un disco bueno... Ya en serio, había bastantes cintas por casa que me habían grabado, me puse a seleccionar y aquí está».
Hace un mes, un puñado de afortunados tuvimos la suerte de escuchar en primicia esta joya. En el estudio había tortillita, croquetas, queso, jamoncito, pero el plato principal era ver la cara de Morente irradiando satisfacción desde sus ojillos picaruelos, y el asentimiento de otro maestro, Pepe Habichuela, una de las sonantas que se escuchan en el álbum, además de la de su hermano Juan, Rafael Riqueni y David Cerreduela. «Fue una velada emocionante. Cuando tienes un disco nuevo hace ilusión que la gente lo escuche y que le guste, porque cuanto más le gusta a los demás, más te gusta a ti mismo». El maestro es una de las figuras que más ha hecho para ensanchar el territorio del flamenco. Pero vuelve y vuelve al meollo: «Sí, siempre vuelvo al cante jondo, mejor, no lo dejo nunca, porque yo soy cantaor y todo lo que hago, aunque sea innovación, siempre siempre lo hago desde la perspectiva del cante jondo».
Hijo, sé formal
Enrique Morente recuerda que empezó a cantar ya más en serio a los 15, 16 años, a pesar de que «mi madre me decía que lo dejara y aprendiera un oficio en condiciones, que fuese una persona formal. El caso es que así de primeras yo pues bueno comprendía que llevaba bastante razón y dejaba un rato de cantar, pero al poco tiempo no lo podía evitar y ella me encontraba en el bolsillo poemas y letras de cante. Y me decía, qué, otra vez estamos con el cante, vaya guerrera que llevas. Pero seguí, y seguí, era lo que más me gustaba».
La relación entre el artista flamenco y su público probablemente sea de las más intensas que se dan entre una afición y sus músicos. Una relación marcada casi siempre por una tremenda exigencia por parte de los cabales. «Es cierto, se mira todo al detalle, todo se observa mucho, muy atentamente, el aficionado es muy exigente en cuanto al cante clásico. Quizá ahora, en estos tiempos, lo sea algo menos, pero ha habido momentos en que casi podría decir que era exagerado. En bastante medida es parecido a la relación y la mirada que se da entre el torero y la plaza».
Escuchando a Morente, aunque no se sea de los elegidos que entienden de lo jondo, los pelos se ponen de punta. Es uno de los grandes, de los más grandes, y la emoción de su voz rompe todas las fronteras. Qué tendrá el flamenco en su garganta. «El flamenco es entrega, es emoción», dice el maestro. «Y es un canto difícil, muy difícil. Yo digo muchas veces que si otra vez me dedico a cantar me voy a dedicar a cantar pop, «pap» o «pip» pero algo menos complicado. Ojo, no estoy diciendo que un género sea mejor o peor que otros, pero no es lo mismo cantar por tangos que cantar un tango, y que conste que soy un amante del tango, y un rendido admirador de Astor Piazzolla y de Carlos Gardel, pero esta profesión tiene mala, pero que muy mala leche».

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