El «caso Haidar» explica la nueva estrategia marroquí para imponer su plan de autonomía frente a los independentistas
«La solución es un regreso al Sahara ocupado (por Marruecos), con o sin pasaporte. Si no, seguiré aquí en huelga de hambre hasta la muerte», afirmó ayer a ABC Aminatu Haidar por teléfono desde el aeropuerto de Lanzarote. Su caso se ha convertido en una patata caliente entre Rabat y Madrid.
De esta forma la activista, expulsada hace ocho días de El Aaiún despojada de su documentación, quiere dejar «claro» que rechaza pedir a Rabat otro pasaporte, pues dice que el suyo -con número R559514- tiene validez hasta mayo de 2010. Rechaza además ser considerada refugiada, como le ofrece el Gobierno español, «porque no he venido a pedir asilo político». Por eso exige a España que le facilite volver a la ex colonia.
Aminatu Haidar es la más conocida y laureada activista de lo que el Gobierno de Marruecos califica como «nueva élite» de saharauis cuyos movimientos hay que frenar en seco para que no entorpezcan el plan de autonomía de Mohamed VI para la ex colonia española.
Esta nueva estrategia marroquí está recogida en un contundente documento, al que ha tenido acceso ABC, que los diplomáticos de la UE recibieron de manos del ministro de Exteriores, Taieb Fassi Fihri, el pasado 9 de octubre, un día después de la detención en Casablanca del grupo de siete saharauis que viajaron desde El Aaiún a Tinduf (Argelia) para reunirse con el Frente Polisario.
Se benefician, dice el informe, de «una libertad casi total de movimientos» en sus viajes «al extranjero donde reciben apoyo de los servicios argelinos o de ONG pro Polisario». Van como «héroes que desafían la autoridad del ocupante» y salen en primera página de determinada Prensa, «en especial la española».
Para dar más fuerza a esa estrategia, Mohamed VI insistió en ella el 6 de noviembre, en su discurso del 34 aniversario de la Marcha Verde. Calificó al grupo de Haidar, aunque sin dar nombres, de «adversarios de nuestra integridad territorial» ante los que hay «redoblar la vigilancia y la movilización para contrarrestarlos». En El Aaiún, la Policía impide desde hace semanas que estos activistas reciban visitas extranjeras.
El relevo de Suecia a España
«Esta estrategia confirma para mí que el margen de movimiento que nos han dado en los últimos años no era más que una operación de maquillaje», dice Haidar. «Marruecos sigue sin superar los años de plomo» de Hasán II.
Lo que han hecho las autoridades marroquíes a Haidar es «ilegal, inmoral y estúpido», escribe en el prestigioso semanario «Le Journal» Aboubakr Jamai sin dejar de defender la posición de un Sahara bajo bandera marroquí.
El emabajador en España, Omar Azziman, dijo ayer que Haidar se ha convertido en agente del Polisario.
La Embajada española en Rabat no ha querido comentar con este corresponsal el contenido del informe y las fuentes consultadas se han limitado a declarar que lo enviaron a Madrid y que esperan que «no influya en los próximos meses», cuando a España le llegue el turno de encabezar la UE a partir del 1 de enero. El Gobierno marroquí espera ese relevo, pues Suecia, actual ariete de la Unión, no muestra la docilidad española en el conflicto.
El nombre de Aminatu Haidar y otros defensores de la causa saharaui saltaron a la palestra internacional en 2005. Rabat les acusa de estar detrás de la organización de la denominada Intifada, una serie de manifestaciones en las ciudades saharuis y campus universitarios marroquíes donde estudian jóvenes originarios de la ex colonia española. Denunciaban el atropello de los derechos humanos y la imposibilidad de reclamar la libre determinación del territorio.
El movimiento de protesta vino acompañado por una revolución informativa a base de comunicados, fotos y vídeos que distribuían a todo el mundo a través de internet de forma anónima o firmados por organizaciones como ASVDH, Codesa o Codapso, que en ningún caso son reconocidas por Rabat.
Ese grupo de personas está integrado junto a Haidar, entre otros, por Brahim Dahane, Hamad Hmad, Mohamed Dadach, Ali Salem Tamek o Ghalia Eljimi. Dahane y Tamek se encuentran en el grupo de siete personas detenidas el 8 de octubre. Esperan en la cárcel de Salé, junto a Rabat, a ser juzgados por un tribunal militar marroquí.
No se les ve en primera línea de las manifestaciones, ni tirando cócteles molotov ni desafiando con banderas del Polisario a las Fuerzas de Seguridad marroquíes que toman el Sahara. Su arma, a diferencia de otros jóvenes más impulsivos, es la dialéctica. Pero Rabat, que los ha tenido largos periodos encarcelados, insiste en que son ellos los que mueven todos los hilos con sus discursos afilados, sus contactos con la Prensa y demostrando que son inmunes a las amenazas, los interrogatorios y las detenciones.
Cárcel Negra
Así es como durante aquellos convulsos meses de la Intifada Haidar, Hmad, Dahane y Tamek acabaron en la cárcel Negra de El Aaiún junto a otros conocidos activistas como Mohamed Mutawakil, Hussein Lidri, Larbi Messaud o Brahim Numría. A menudo eran trasladados ante el juez heridos por las palizas de los interrogatorios, según denunciaron. Entre huelga de hambre y huelga de hambre, las autoridades marroquíes les visitaban en las celdas para tratar de negociar con ellos la paz en las calles.
Pero el perdón de Mohamed VI en 2006, que nunca solicitaron, no les frenó. Empezaron a viajar al extranjero invitados por asociaciones pro Polisario para reclamar la autodeterminación, reclamar derechos humanos y recibir premios o atención médica. Rabat quiere ahora poner fin a esos movimientos.

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