La presidencia comunitaria de España el 1 de enero constituye «una oportunidad única» por la aplicación del Tratado de Lisboa y porque tiene que poner en marcha el relanzamiento económico tras la crisis
Diego López Garrido: «Esta será la presidencia de la recuperación económica»
-¿No da un poco de vértigo, el arranque de la presidencia española con todos los ciudadanos europeos muy preocupados por las secuelas de la crisis?
-Esta tiene que ser la presidencia de la recuperación económica. La que nos encamine por una nueva senda de crecimiento y creación de empleo de calidad. Las crisis son un momento de oportunidad para crecer y madurar y la que atravesamos nos ha permitido comprobar que, en tiempos de globalización, la coordinación es el factor clave.
-Todo apunta a que la salida de la recesión será un proceso lento, aunque haya signos positivos en los países que son el motor económico de Europa.
-Por eso tenemos que acertar con la combinación adecuada de políticas de corto, medio y largo plazo para que la salida sea sólida y no vuelvan a repetirse episodios como los que desencadenaron la crisis. A corto plazo se tienen que mantener los estímulos fiscales, retirarlos de forma abrupta sería un error, y una acción mal entendida por los agentes sociales y económicos.
-¿Ha tenido un papel destacado la Europa del euro?
-Desde luego, la crisis ha puesto de manifiesto la importancia de la moneda única. Los países que no están en ella lo han lamentado amargamente, tanto los que siempre han deseado formar parte del euro como los que expresaron rechazo. La moneda de Hungría ha sufrido fortísimos ataques especulativos, Islandia ya pide entrar en la Unión y en su divisa. Irlanda, que está en el euro, ha visto que la pertenencia a la moneda le ha evitado un desplome mucho mayor y la opinión de su población ha cambiado.
-¿Está capacitada España para liderar una estrategia de recuperación, cuando tiene una de las tasas de paro más elevadas y los expertos prevén que saldrá más tarde de la crisis?
-Estamos muy capacitados para encabezar las políticas nuevas de la Unión. Somos un país creíble y serio, con gran estabilidad política y el de mayor tamaño de los que presidirán la UE en esta legislatura.
-Junto a la continuidad de los estímulos económicos ¿qué otras medidas hay que aplicar?
-A medio plazo, Estados Unidos y Europa están trabajando en paralelo en unas reformas financieras que eviten el colapso, porque ya tienen claro que, aunque la banca esté en manos privadas, sus problemas tienen efectos sobre todo el sistema, porque cuando las entidades van mal, no se lubrica la economía.
-¿Qué orientación tendrán las acciones de largo plazo?
-Europa se plantea una estrategia de crecimiento saludable, que hemos bautizado como 20-20, basada en las mejoras educativas -uso de tecnologías de la información, fomento de la innovación, investigación y desarrollo- en la inversión en empleo de calidad y estable, lo que no está reñido con la flexibilidad económica necesaria, y en la aplicación de una economía «verde». En presidencia española se empezará a aplicar lo que resulte de la Cumbre de Copenhague.
-La economía y la política exterior común ¿son las estrellas únicas en el guión de la presidencia española?
- Vamos a marcar la dirección a seguir para una década. La presidencia es omnicomprensiva, y su programa de acciones tiene 250 apartados. Pondremos énfasis en la nueva carta de derechos de los ciudadanos, centrándonos en la idea de la igualdad, en especial la del hombre y la mujer. Lo queremos sintetizar en dos acciones a sacar adelante en la presidencia, el observatorio de la violencia de género y la orden de protección europea. Sólo en Bruselas habrá 2.600 reuniones de grupos en seis meses, y de ellas saldrán miles de iniciativas de todos los rangos. También queremos ser el catalizador que impulse las infraestructuras.
-¿Se pueden concretar objetivos por regiones?
-Tendremos nueve cumbres. Destaca la de la UE con Estados Unidos, que dará una nueva vitalidad a la relación trasatlántica, languideciente desde 1995.
-¿Olvidará España a América Latina, después de haber sido su gran introductor en la UE?
-Desde luego que no. Queremos que la cumbre con América Latina alumbre acuerdos de asociación de nueva generación con una serie de regiones americanas y hay planes en marcha con países de la comunidad andina. También habrá una cumbre de la Unión por el Mediterráneo, seguramente en Barcelona, que deseamos sirva para la estabilidad de la zona. Queremos encaminar unas conversaciones de paz que desemboquen en dos estados estables, israelí y palestino, que convivan pacíficamente en la zona. Y hay otras, como la relación con Rusia y el Este de Europa.

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