Por 47.000 euros se puede adquirir un paquete turístico que incluya viaje a un país de América del Sur o Asia y un riñón nuevo. El «turismo de trasplante» es un secreto a voces que la ONU quiere callar
Viajes con trasplante incluido
El mercado negro de órganos florece con la crisis
El tráfico de órganos existirá mientras haya escasez de órganos. En tiempos de crisis como los actuales las venta también se dispara en los países considerados ricos. En el Reino Unido han empezado a florecer anuncios de británicos decididos a vender un riñón para hacer frente a impagos. Naciones Unidas insiste en que la única fórmula de poner coto a este fenómeno es promover la donación altruista en todas las naciones. La recomendación de la ONU llega en un momento en el que empiezan a surgir voces en Estados Unidos que reclaman un mercado regulado de órganos, donde personas adultas decidan sobre su propio cuerpo. Arthur Caplan, director del Centro de Bioética de la Universidad de Pensilvania y estudioso de los aspectos éticos de los trasplantes cree que «no podría convivir un mercado regulado con un sistema basado en el altruismo. Si se permitiera la venta no habría personas dispuestas a donar», aseguró a ABC. En su opinión, un mercado regulado no pondría fin al comercio ilegal ni a la escasez de órganos. «La clave está en que todas las naciones desarrollen su propia capacidad para obtener órganos y tejidos de personas fallecidas y que funcionen tan bien como lo hace el sistema español y algunos programas de Estados Unidos».
Harry tenía 72 años, una edad elevada para que el sistema de salud británico le incluyera en la lista de espera de trasplantes de pulmón. Voló hasta Singapur y se sometió a un doble trasplante pulmonar a cambio de 240.000 euros. De esa cantidad, un pellizco suculento fue a parar al bolsillo del estadounidense James Cohan, un intermediario del comercio ilegal de órganos o como prefiere llamarse a sí mismo, «coordinador internacional de trasplantes».
Desde su oficina en Los Ángeles, Cohan prepara viajes organizados para enfermos tan desesperados como económicamente desahogados. Su trabajo consiste en buscar órganos de recambio para sus clientes con la ayuda de hospitales de África, América del Sur o Asia donde la legislación es más ambigua. Y donde resulta más fácil colarse en una lista de espera cuando existe un talón con muchos ceros de por medio.
Sin esperas
En la página web de Cohan se ofrece «una solución segura para quien no quiera esperar para recibir un órgano». Se asegura que se trabaja sólo con grandes hospitales, con médicos entrenados en Estados Unidos y con órganos obtenidos con consentimiento. En «Cohan y Asociados» por el traslado del paciente, la atención médica, más el nuevo órgano, se cobra en torno a los 84.000 euros de un riñón y los 168.200 euros de un corazón o un hígado.
Cohan vive de este negocio desde hace más de veinte años. Lo hace sin ocultarse y sacando partido de la desesperación de enfermos y donantes. No es el único. El tráfico de órganos se ha convertido en una actividad «global» de guante blanco, como ha denunciado Naciones Unidas. Es la primera vez que este organismo internacional toma cartas en el asunto. Lo ha hecho con un documento de consenso en el que se reclama a los países miembros legislaciones más estrictas para frenar este fenómeno. Y, sobre todo, en el que se recomienda copiar el modelo español de trasplantes. El éxito de este modelo son las donaciones altruistas y un escrupuloso control de la lista de espera.
El turismo de trasplantes es un secreto a voces en el que están involucrados intermediarios, agencias de turismo, hospitales y compañías de seguro médico. En Israel, uno de los países con más clientes en este negocio clandestino, las propias compañías de seguro reembolsan las operaciones que se realizan en el extranjero. Israel, como Kuwait o los Emiratos Arabes son países con recursos y escasez de donaciones, donde los gobiernos prefieren pasar de puntillas sobre estos asuntos.
No existen estadísticas ni informes fiables que permitan conocer el volumen real de transacciones. La estimación de la Organización Mundial de la Salud es que el comercio ilegal estaría detrás del 10% de los trasplantes que se realizan en el mundo.
El más frecuente es el de riñón: «Podemos vender un riñón y seguir viviendo. La cirugía de este trasplante es relativamente sencilla y los problemas renales están aumentando en todo el mundo», explica Rafael Matesanz, director de la Organización Española de Trasplantes (ONT) y uno de los redactores del informe de la ONU. Se estima que el tráfico de órganos puede estar detrás de hasta 6.800 trasplantes renales que se hacen cada año en el mundo. Por el paquete completo de viaje, asistencia médica y el nuevo riñón sus receptores pagan entre 47.000 y 108.000 euros.
Este tipo de turismo de trasplante empezó en los 90. La India fue el primer destino. Cuando el Gobierno indio aumentó los controles, el comercio se desvió a Irak y después a Pakistán, Sudán, Colombia.... «Siempre que se endurecen los controles en un territorio, las redes encuentran otro país donde trabajar», explica Matesanz. La ONT ha ayudado a Colombia a salir de ese oscuro negocio con la red iberoamericana de trasplantes. Ahora los paraísos de este turismo están en Filipinas, Egipto, Sudán, Venezuela o Paraguay.
Las víctimas de este negocio son casi siempre los vendedores de órganos. Los intermediarios se llevan la parte más grande del pastel. Sin contar las complicaciones médica,, la mayoría recibe casi siempre menos dinero del pactado, denuncia la ONU en su informe. El peligro también es real para el comprador. El 33% de los trasplantados es hospitalizado de urgencia al llegar a su país; el 70% desarrolla una complicación y el 53% una infección.
«En España sería inviable una situación similar», asegura José Ramón Núñez, coordinador de trasplantes del Hospital Clínico de Madrid. «Un paciente español que acudiera a otro país de forma ilícita a hacerse un trasplante, no tendría acceso en España a los costosos tratamientos que evitan el rechazo. Necesitaría un control médico y es difícil mentir sobre el origen del trasplante. En todos los hospitales se exige un informe médico del centro donde se ha realizado el trasplante para conocer los detalles de la cirugía y orientar el tratamiento. Sería denunciado», explica.
Núñez tampoco cree que un enfermo español se atreva a ponerse en riesgo. «Somos un país privilegiado, con una media de espera no superior al año y medio en trasplante renal. Existen garantías sobre el origen del órgano y el procedimiento y trasplantamos a pacientes de edad avanzada. ¿Quién se va a atrever a ir a Pakistán?».

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