Viernes, 23-10-09
J. CORTIJO
De poco le ha servido la ingeniosa referencia a «El mercader de Venecia» en su impactante arranque. O su naturaleza justiciera y casi justificada contra un gremio tan odioso como el de las compañías estadounidenses de seguros médicos (aprende, Michael Moore). O que posiblemente sea la mejor secuela de una saga tan rentable como ya entrañable para el fanático. Al final, «Saw» ha montado el show. O se lo han montado.
Cierto que los niveles de gore que supura el filme son, a veces, tan insoportables como alguna salvajada de Jörg Buttgereit. Pero, ¿por qué ahora sí y antes no? ¿No contienen mayores dosis de mutilación «Hostel» y su secuela, servidas además con un nihilismo descorazonador y atroz? ¿Hay más hemoglobina e hiperviolencia aquí que en «Kill Bill» o «La Pasión de Cristo»? ¿Es comparable «Saw VI» con la sádica y birriosa «Fóllame», precedente censurado en nuestro país? En fin que, como en los tiempos de Perpiñán, quien quiera verla, que viaje a Londres (o Boston o Toronto o Sidney). Por cierto, que sólo haya ocho salas X en España también debería dar que pensar.

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