Pérez-Reverte: «Lo peor del mundo son los estúpidos y eso, realmente, no tiene solución»
El escritor Arturo Pérez-Reverte, en su biblioteca | JULIÁN DE DOMINGO
«Los políticos son parásitos de nuestra basura, de la que todos nosotros generamos»
-Hoy protagoniza usted un encuentro con mil jóvenes en Cartagena, su ciudad, con el que se inaugura la V edición de los aplaudidos premios Mandarache. ¿Qué les dirá si le preguntan por los políticos españoles?

-¡Qué pereza me dan! Una cosa debe quedar clara: el político sale de nosotros, no es un marciano; son como nosotros, son de los nuestros, de nuestras familias. Nosotros somos tan culpables como todos ellos de lo que está ocurriendo. Los políticos son parásitos de nuestra basura, de la que todos nosotros generamos.

-¿Cómo se prepara ante esos jóvenes?

-Con sentido común. Ellos lo tienen más que los adultos, con los que sí que resulta difícil hablar. Con los jóvenes es más fácil razonar que con los mayores, porque están mucho más abiertos a cualquier idea y a lo nuevo.

-¿Decepcionado de los adultos?

-El adulto es como una mujer con pasado, puede tener misterio pero no te va a sorprender, mientras que un joven es alguien con una falta de recorrido que es la que hace que sus reacciones, sus impulsos y sus razonamientos sean espectaculares, brillantes, nuevos.
«No se me escapa ni una migaja de la vida», dice Arturo Pérez-Reverte, que lleva mucho tiempo convirtiendo en oro todo lo que toca, perdido con sus experiencias a cuestas entre el viento, el mar y las almas.
-Escribe diez horas al día. ¿De qué va su próxima novela?
-Estoy disfrutando muchísimo. Pronto aparecerá «Cuando éramos honrados mercenarios», recopilación de mis artículos, y en marzo saldrá la nueva novela de 700 páginas.
-¿Qué encontraremos en ella?
-Un montón de historias y personajes; es una novela con varias tramas que se mezclan y entrelazan: una policíaca, otra de espionaje, otra sentimental folletinesca, otra científica y varias más.
-¿Es una novela histórica?
-No, es una novela muy moderna aunque el escenario de fondo sea histórico. Los personajes son muy actuales. Creo que el lector se lo va a pasar bien con ellos.
-¿Le está costando escribirla?
-Mucho, por varias razones. La primera: ya soy mayor. No tengo la misma energía que hace diez años, y una novela con una trama tan compleja requiere mucho esfuerzo. Todo tiene que parecer muy fácil para el lector, y esa transformación de lo complejo en chupado requiere mucho esfuerzo. Hay mucha acción, es muy potente narrativamente.

-¿Cuál es hoy su reino?
-El único reino posible para un adulto consciente es la lucidez. En un mundo caótico, confuso y lleno de líneas difusas donde nada está claro, el único tesoro que uno puede aportar es la lucidez.
-Lo cual conduce al dolor.
-Claro, pero en la vida hay que elegir entre ser estúpido e indolente como un buey, o lúcido y consciente como un ser humano; no sólo sufres con la lucidez, se puede ser feliz en muchos momentos.
-¿Qué personaje le interesa?
-Realmente, a mí ya sólo me interesa el héroe, el héroe posible, el héroe que lo es llegado el momento. Uno no puede nunca descartar a los demás, porque nunca sabe uno dónde está el héroe escondido. Miro a los seres humanos con curiosidad porque incluso aquellos de los que no espero nada sé que pueden un día darme una sorpresa; los he visto darlas. Busco al héroe.
-Atento a los movimientos de los malvados.
-También. Como entre héroe y malvado la frontera es muy difusa a veces, también me protejo de todos, porque cualquiera de ellos puede ser también un malvado. La lucidez hace que te mantengas vivo en territorio enemigo.
-¿Se acrecienta su pesimismo cuando mira hacia el futuro?
-Soy muy pesimista sobre el futuro, sí, pero es que estoy bien informado. Si se tienen una cultura mediana y una lucidez mínima hay que ser pesimista sobre el futuro, lo que no quiere decir que tengamos que suicidarnos. Sabido lo que nos espera, hay que saber también que existen mecanismos defensivos y consolatorios, y ése es mi territorio, ahí trabajo yo. Trabajo en procurarme a mí mismo, y a aquellos que me rodean y que me leen, los mecanismos que creo que pueden servir para llevar a cabo una humilde tarea de supervivencia.
-¿Qué es lo que más le inquieta de la sociedad actual?
-La estupidez, no tengo la menor duda. El peor mal no es la maldad. Cuando era joven creía que lo peor del mundo eran los malos, pero ahora sé que no: lo peor del mundo son los estúpidos; y eso, realmente, no tiene solución. Un malo puede cambiar o se puede negociar con él, pero un estúpido lo será siempre, no cambia jamás. Cuando un golpe de la vida se lleva por delante a un estúpido no parpadeo demasiado. El peor daño a la Humanidad se lo hacen los estúpidos.
-¿Cuáles son los ideales de los que usted no quiere alejarse?
-Mis ideales tienen que ver con los del perro: lealtad, consecuencia... virtudes que yo admiro. Admiro el valor de asumir aquello en lo que crees, o de apartarte de aquello en lo que no crees. El perro me parece de una humanidad absolutamente respetable.
-¿Está orgulloso de su obra?
-Orgulloso no es la palabra, no, no, no. Solamente los imbéciles pueden decir que están orgullosos de su obra. Lo que no hago es renegar de ella, porque forma parte de mi vida y la asumo. Estoy escribiendo sobre mi vida, y en ese sentido todas mis novelas son autobiográficas sin que ninguna sea una biografía.

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