De apóstol de Lenin a rey Midas
Luzhkov, tocado con su gorra de visera a lo Lenin, en un mitin ante sus partidarios | ABC
Yuri Luzhkov, alcalde de Moscú desde 1992, está muy cerca de superar en permanencia a Leonid Brézhnev, que estuvo 18 años al frente del Estado soviético. Recuerda a los dictadores centroasiáticos.
Ha utilizado el Ayuntamiento de la capital, según sostiene la oposición, para hacerse rico, aunque formalmente su patrimonio (unos 700 millones de euros) figure a nombre de su esposa, Elena Batúrina, a quien la revista «Forbes» sitúa como la mujer más rica de Rusia.
En realidad, como afirma el dirigente opositor Leonid Gozman, lo que han hecho Luzhkov y su cónyuge «es algo muy extendido en Rusia entre la corrupta élite política», aunque la mayoría de los casos pasan desapercibidos.
No ha sido así en lo que concierne a Luzhkov y la culpa la tienen «Forbes» y el dominical británico «The Sunday Times», en cuyas páginas aparecía el mes pasado la noticia de que Batúrina se ha comprado el segundo palacio más grande de Londres, después del de Buckingham, por 55 millones de euros.
El escándalo le viene mal, justo en medio de las insistentes protestas por el pucherazo habido en las municipales del pasado día 11. La participación se ha inflado en un 13% y los votos a favor del partido Rusia Unida en un 20%.
El líder de esa formación, en cuyas listas iba Luzhkov, es Vladímir Putin. Pero el Kremlin afirma que Medvédev ha tomado cartas en el asunto y se propone investigar. Él es quien, según una ley de 2005, presenta a los concejales el candidato a dirigir el Consistorio. Así que Luzhkov ve ahora peligrar su sillón.
El alcalde capitalino tiene un canal de televisión a su servicio y se vende como un hombre campechano y amante del deporte. Practica el tenis y, pese a sus 73 años recién cumplidos, participa a veces como delantero en los torneos de fútbol que organizan entre sí los funcionarios. Elemento insustituible de su indumentaria es una gorra de visera como la que utilizaba Lenin. Y es que Luzhkov también fue apóstol del comunismo. Ahora, sin embargo, prefiere el capitalismo. Borís Nemtsov, ex ministro y dirigente del movimiento «Solidarnost» (Solidaridad), le acusa, no sólo de corrupción, sino de haber convertido Moscú, resplandeciente como nunca en su historia, en la ciudad más cara del mundo, sobre todo en lo que se refiere a vivienda. También en la más contaminada a causa de la industria y el insufrible tráfico.
«Persona non grata»
Ucrania le ha declarado «persona non grata» por hacer llamamientos durante un mitin, en Sebastopol el año pasado, para que Crimea vuelva a pertenecer a Rusia. También le odian los homosexuales. No ha autorizado nunca que en la urbe se celebre la marcha del orgullo gay. Los tacha de «satánicos», de que «contribuyen a propagar el sida». Sus días como alcalde podrían estar contados, pero, si así fuera, le quedan su mujer, las cuentas bancarias y un retiro dorado en Londres.

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