El ex vicepresidente económico del Gobierno Rodrigo Rato dejó ayer bien claro que, más allá de lo que calificó como «intereses contrapuestos» -en abierta referencia a las posturas enfrentadas que mantienen sindicatos y patronal-, la actual coyuntura supone una oportunidad para eliminar las rigideces del mercado laboral español.
Tanto es así que, de manera apenas velada, no dudó en sumarse a las voces que vienen reclamando al Gobierno una acción clara en este sentido. «Es el momento de plantearse un debate sobre el mercado laboral», consideró el también ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), quien no ocultó las dificultades que entraña el proceso: «Qué duda cabe que existen intereses contrapuestos, pero esto es así», puntualizó.
En esta línea, y durante su intervención en un foro de análisis económico celebrado ayer en la sede de CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife, Rato mandó un subliminal recado a José Luis Rodríguez Zapatero cuando aclaró que «negarse a discutir los problemas no es la solución».
Una amenaza «estructural»
El que fuera ministro de Economía durante los ocho años de gobierno del Partido Popular explicó que la alta tasa de desempleo que sufren muchos países «industrializados», entre ellos España, presenta la amenaza añadida de convertirse en un problema estructural. «La crisis ha acelerado la salida del mercado laboral de muchas personas que, por su bajo nivel formativo, iban a salir antes o después», lo que deja entrever que la situación «podría no ser cíclica», argumentó.
En este sentido, el ex director del FMI precisó que, a tenor de esta posibilidad, se hace necesario «aumentar la capacitación profesional» y afrontar «un modelo de crecimiento distinto».
Para ello, sin embargo, Rato insistió en la importancia de acometer previamente el tan traído debate de una eventual reforma del mercado del trabajo. Según consideró, «construir este nuevo modelo sin saber cómo asignar los recursos humanos es difícil».
Asimismo, el ex vicepresidente económico tuvo también tiempo para hacer referencia al volumen creciente que adquiere el déficit público. En este punto, recordó que la deuda «nunca se va» y que, además, «genera unos intereses que habrá que pagar».

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