Actualizado Jueves, 15-10-09 a las 13:56
Es agosto. Hace un día como casi todos los de Lanzarote. Desde el jardín de la casa de José y Pilar, mejor dicho, de José Saramago y Pilar del Río, su mujer, se puede ver Fuerteventura. José no se ha levantado aún. Tiene un horario de feria, dice una amiga de Pilar con mucho humor: se acuesta tarde y se levanta temprano, y luego, fiel a sus ritos, hace la siesta del obispo. Pero hoy es un día especial: se anuncia la inminente publicación de «Caim», así en portugués, que es como mejor me suena, «Caim».
Es la novela que José Saramago llevaba en su cabeza desde hace muchos años y que por fin vería la luz en octubre. Estábamos a finales de agosto.
Pilar está haciendo arroz en su cocina, mientras José entra en ella y se sienta. Estamos algunas amigas y el Nobel se aposenta en su sillón de madera en la cabecera de la mesa y nos mira: «¿Sabéis lo qué os pasa a las mujeres?», pregunta. «Que estáis secuestradas por vuestras cuerdas vocales y no os habéis dado cuenta», sentencia con sonrisa socarrona, mientras su perro Camoes, invariablemente, le pide de comer.
José se va hacia la Biblioteca de la mano de Pilar. Sólo es cruzar la calle. Acaba de salir la noticia de «Caim» y el teléfono se «cae» materialmente. Pilar vuelve al trabajo y traduce en su ordenador portátil un artículo de José, mientras se hace el arroz. «Tengo que saber hasta de motores», comenta mientras pregunta una palabra en portugués y atiende a la Prensa que empieza a llamar al teléfono.
Sumergido en su lecturaLlegan de una agencia nacional. Le hacen una entrevista al Nobel en español y portugués. «Mire -dice el escritor-, yo estoy ahora como una vela cuando se queda sólo con la mecha y la llama luce mucho más viva durante un tiempo. Así estoy yo». «A Pilar, que no me dejó morir», reza una de las últimas dedicatorias de su libro. Y Pilar no lo deja. «¿Ya tienen miedo del nuevo libro?», pregunta José después de comer. Y Pilar asiente. «No ha salido y ya le tienen miedo»... Y se sumerge en su lectura.
En la casa, la vida sigue tan cotidiana como siempre. José en su biblioteca, donde le esperan libros por firmar, y unas turistas portuguesas que, llegadas a Lanzarote, quieren ver a su premio Nobel. «Por favor, ni manos ni besos», dice Pilar. Es por la gripe A, que achucha desde los telediarios. Llega José y lo primero que hace es alargarles la mano y las besa...
José se sienta ante su ordenador. No es sólo un artículo para su blog, es que está escribiendo una nueva novela. No se sabe aún cuándo saldrá, pero habrá un nuevo libro de José Saramago dentro de unos meses. Debe ser por la vela, esa que tiene la mecha mucho más potente que la que, incluso el escritor con sus inquebrantables 86 años, se cree. En Lanzarote, agosto de 2008, a horas de anunciarse el nacimiento de «Caim».

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