National Geographic abre sus archivos y vende 500.000 negativos
El capitán Robert Falcon Scott (en el centro), con los hombres que lo acompañaron al Polo Sur en 1911-12. Cuando llegaron a su destino, descubrieron que el noruego Roald Amundsen se les había adelantado. La imagen nunca fue publicada / HERBERT PONTING / NATIONAL GEOGRAPHIC SOCIETY
Será el 17 de septiembre en la Steven Kasher Gallery, en el barrio de Chelsea, en Nueva York. Se exhibirá al público una asombrosa selección de fotografías en blanco y negro de los fondos de la National Geographic Society. Varias de estas imágenes no se habían exhibido nunca, ni en un museo ni en la revista de la sociedad. Siendo tan antiguas, verán la luz pública por primera vez.
Fotos del equipo de la infortunada expedición del capitán Scott, que se dejó la vida de él y de sus hombres para llegar en el año 1912 al Polo Sur, y llegó segundo, por detrás de Amundsen; de fabulosas cavernas de hielo en Nuevo México; de mineros blancos en West Virginia y de mujeres negras con los senos al aire en Nueva Guinea; de los viajes a China del botánico Joseph F. Rock, que inspirarían el mito literario de Shangri-La. Las imágenes exudan la magia -también el aura de calidad y de inolvidable exigencia- de lo antiguo. Retrotraen a los majestuosos albores del fotoperiodismo, cuando nadie pensaba en paparazzi ni en disparos apresurados, sino en una lenta, minuciosa captación de lo esencial.
Durante muchos años todo este venerable material se ha acumulado en las cámaras refrigeradas de los archivos de la National Geographic en Washington. En los años 70 se abrió un interludio durante el cual se guardaron en otra localización, en la vecina Maryland. En 1996 volvieron a su bastión original, con estantes motorizados dignos de los almacenes de reliquias arqueológicas de las películas de Indiana Jones.
Sólo que, a diferencia del Arca perdida, estas fotos estaban muy presentes en la mente de todos. Y más ahora que se abre la veda para su subasta pública. La National Geographic Society se apresta a digitalizar todo su material y por ende a comercializar los soportes físicos (de los que de todos modos conservará los derechos de publicación).
Aun sin estos derechos, el precio estándar de una imagen de esta categoría puede oscilar entre los 3.000 y los 10.000 dólares. Hay que tener en cuenta que se trata de imágenes únicas y con un prestigio difícil de igualar.
Será «doloroso»
Los administradores del tesoro admiten en «The New York Times» -que, con todos sus problemas financieros, en más de una ocasión ha pujado por este material- que aún con la digitalización desprenderse de ellas será «doloroso». Pero ese es el sentido de los tiempos y sobre todo el de la crisis. La National Geographic Society es una entidad sin afán de lucro que, como todas, acusa una carencia de donaciones desde que la recesión económica ha adelgazado los bolsillos de los grandes mecenas americanos. También los de los grandes pioneros de buena familia, capaces de consagrar su vida a la exploración y a la aventura... y a tomar fotos de ella.
Entonces, de los 11 millones de imágenes que poseen -y que constituyen algo así como un mapa gráfico del siglo XX-, están dispuestos a sacar a la venta aproximadamente medio millón. Mayormente son fotos antiguas en blanco y negro y fotos en color más recientes. El grueso intermedio de la colección se mantiene por ahora al margen de la operación. Por de pronto el tesoro irá emergiendo poco a poco, en sucesivas oleadas. La exposición que se inaugura el próximo día 17 en la Steven Kasher Gallery de Chelsea es sólo la primera. En ella se mostrarán 150 imágenes de un total de 12 fotógrafos. Quedan pendientes dos exposiciones más en la misma galería, con otros ejes temporales y temáticos.
En esta primera muestra se pone el acento en los primeros años de la National Geographic Society y en el espíritu casi tintinesco -entre intrépido e ingenuo- de la época. Un espíritu que queda muy lejano en el tiempo y en las actitudes pero no en la fascinación. Steven Spielberg prepara una superproducción sobre las aventuras de Tintín para 2011.
Todo lo cual no obsta para que la exposición de Chelsea incluya imágenes menos convencionales o incluso previsibles en este contexto. Por ejemplo, los obsesivos y sugestivos, escasamente inocentes, desnudos de jóvenes sicilianos retratados por el barón alemán Wilhelm von Gloeden, cuya obra evoca algo así como una «Muerte en Venecia» en versión safari fotográfico, y siciliano. Para no dejar nada al azar, la muestra incluye fotos del barón -mucho menos conocidas- hechas de jóvenes de sexo femenino. Con lo cual por lo menos se conjura el famoso chiste de mal gusto: que los senos de las mujeres negras se publicaban en la revista de la National Geographic, y los de las mujeres blancas en otro tipo de publicación.

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