Kaladze, acusado de traición
Kaladze, tendido sobre el suelo tras marcar uno de los dos goles en propia meta con su selección frente a Italia | AP
No deseaba abandonar el estadio de Tiflis. El campo más querido de su vida. El césped donde desde niño vio alcanzar el sueño de su vida: ser futbolista profesional. Kakhaber Kaladze, apodado «Kakha» en el Milán como un juego de palabras con el brasileño Kaká, vivió la peor noche de su vida en el vetusto coliseo del Dinamo de Tiflis, su equipo de juventud. El veterano capitán de Georgia -31 años- reaparecía en competición después de siete meses de baja, producto de una operación de rodilla, y su estreno se convirtió en una pesadilla que nunca olvidará. Anotó en propia meta los dos goles de Italia y la afición georgiana le acusa de traidor. Las amenazas son serias.
Bien saben los deportistas que el fútbol es como el antiguo circo romano: cruel, despiadado. Un error importante borra toda una carrera.
Defensa de la primera plantilla del Dinamo de Tiflis desde 1993, en 1997 fue fichado por el Dinamo de Kiev. La contundencia de «Kakha» en la retaguardia le permitió firmar por el Milán en 2001.
Perdió el puesto en el Milán
El pasado invierno sufrió una grave lesión de rodilla que cortó su trayectoria. Intervenido quirúrgicamente, su larga ausencia ya le ha robado la titularidad en el Milán de la presente temporada. En pleno ostracismo, el sábado decidió retornar a la competición al más alto nivel con la selección que él capitanea. Una camiseta que ha vestido en cincuenta ocasiones. Y su baja forma quedó patente frente a Italia, el país que le da de comer gracias al Milán. Todos los factores se sumaron en contra para provocar su noche más negra.
Farolillo rojo del grupo 8, clasificatorio para el Mundial 2010, Georgia no se jugaba nada, mientras la victoria era clave para el once de Lippi. El partido rodaba igualado en el minuto 56, hasta que Kaladze marcó en propia meta al intentar despejar un balón botado desde el córner por Palombo. Superado por las acusaciones que surgían desde la grada, abrumado por la tensión, «Kakha» remató una faena inolvidable diez minutos más tarde. Criscito centró sobre el área local y el capitán anotó el 0-2 al querer desviar el balón en una palomita. «¡Traidor!», escuchaba desde el césped. «¡Vendido!». Él, que lo ha dado todo por Georgia. Quería morirse.
Que le renueven
Lo peor eran los consuelos de los jugadores de Italia, que han servido de mofa. Sus compatriotas dicen que era su forma de agradecer los servicios prestados. En Italia, crueles, se ríen de la situación. «¡Grazie Kakha!». Y la prensa escribe «Viva l´Italiadze».
Destrozado, Kaladze no ha dejado de pedir disculpas: «Perdóname, Georgia. Todo es culpa mía». En Italia se burlan recordando el Mundial de 1966, cuando el coreano Jung Hwan eliminó a la «azurra» de penalti. El Perugia, su club, le rescindió el contrato. «A Kaladze le renovarán».

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