Septiembre de 2008 bien podría ser el marco temporal de una película al estilo Wall Street. El 15 de septiembre de 2008 se produjo la quiebra de Lehman Brothers, cuarto banco de inversión de EEUU, hito que forma parte de las dos semanas más estremecedoras que ha vivido la economía en mucho tiempo. Los aconteciemintos ocurridos entre las dos semanas comprendidas entre el 6 y el 20 de septiembre de 2008 amenazaron con demoler el sistema financiero mundial, hicieron temblar los cimientos más profundos del sistema capitalista y rememoraron los días más negros del «crack» del 29.
La bancarrota fue el triste final de una compañía que llevaba 158 años en el mercado, nacida del modesto negocio de un emigrante alemán que comerciaba con algodón, y que con el paso de los años acabaría convirtiéndose en el cuarto banco de inversión de EE.UU. Lehamn Brothers fue capaz de sobrevivir a dos guerras mundiales y al «crack» del 29, dando muestras de gran fortaleza. Su negocio se diversificó, y en los últimos años enfocó sus energías en la banca de inversión y las entidades hipotecarias, en las que encontró una gran fuente de ingresos. Pero la avaricia rompió el saco, y la irrupción de las hipotecas subprime fue introduciendo en el agujero negro a uno de los bancos más importantes de EE.UU. Se le hizo imposible salir de esa vorágine de finanzas intoxicadas, y quebró.
Pero el problema venía de atrás. Todo comenzó con los apuros de los bancos Fannie Mae y Freddie Mac, piezas clave del sistema hipotecario estadounidense. La labor de estas entidades era situarse en la retaguardia de los bancos hipotecarios, de tal modo que corrían con los riesgos de los créditos basura o hipotecas subprime que se emitían desde otras entidades filiales. Ambos bancos fueron nacionalizados el 7 de septiembre de 2008.
El fin de semana del 13 y 14 de septiembre fue clave para el devenir futuro de la crisis. Dos de los bancos más poderosos del país, Lehman Brothers y Merril Lynch, se declararon en bancarrota. La suerte se repartió a partes desiguales, y fue Merril el que corrió con más fortuna, al ser adquirido por Bank of America.
Mala suerte
Todos los analistas preveían que después de salvar las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac y la intervención de Bank of America en Merril Lynch, era poco probable que el Gobierno volviera a intervenir como salvavidas de cualquier otra entidad en apuros. Y así ocurrió. Ante la caída de Lehman, la Fed miró para otro lado con la conciencia tranquila de hacer lo que debía. Por pulcritud financiera y motivados por los principios de no-intervencionismo, los estadounidenses asistieron como espectadores al hundimeinto de un gigante sin que nadie hiciera nada por salvar los muebles. La crisis, entonces, pasó a otro nivel.
Tras lo de Lehman, numerosos bancos hipotecarios estadounidenses comenzaron a caer como si de un castillo de naipes se tratase. Los apuros más sonados los protagonizaron el banco británico Northern Rock y la aseguradora AIG. Este último, líder mundial de seguros y con intereses en 130 países, arrancó la beneficiencia de la Fed y fue rescatada a golpe de talonario con una inyección de 85.000 millones de euros. Su gran tamaño fue razón de peso para acudir en su ayuda, pero más aún la crucial importancia de su negocio: asegurar las operaciones de los demás bancos e instituciones de crédito.
Progresivamente las deudas y los impagos fueron ahogando el sistema financiero y obligaron a los estados a intervenir en sus economías, y fue George W. Bush el primero que resucitó el espíritu de Keynes. Cinco días más tarde de la quiebra de Lehman, el entonces presidente de EE.UU. presentó un plan de rescate financiero de 700.000 millones de euros, que la Cámara de Representantes echó por tierra. Y no sólo eso; se tomaron las políticas montarias más generosas en mucho tiempo, con tipos de interés cercanos al 0%, y se adoptaron diversas iniciativas para introducir capital en la economía.
La enorme intensidad de aquellos momentos parece atrater a las mentes más creativas. Y es que la cadena británica BBC dramatizará el colapso del banco de Lehman Brothers en una película para la televisión. Una vez más, la realidad supera a la ficción.

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