El vicepresidente trotamundos
Denuncia contra el dirigente de ERC por «coacción» al TC
El sindicato de funcionarios públicos Manos Limpias ha presentado una denuncia en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña contra el vicepresidente del Govern, Josep Lluís Carod-Rovira, por un presunto delito de amenazas y coacciones contra el Tribunal Constitucional (TC). Este sindicato cree que las declaraciones de Carod, en las que proponía una movilización previa al fallo del TC sobre el Estatut, no pueden ampararse en la libertad de expresió, pues fueron realizadas «para presionar» y «no acatar una sentencia desfavorable a sus intereses independentistas». Asimismo, entiende Manos Limpias que las palabras de Carod suponen «un llamamiento a la rebeldía y al rompimiento del sistema constitucional».
Cuando PSC y ERC, José Montilla y Joan Puigcercós, se pusieron manos a la obra en diciembre de 2006 para reeditar el tripartito catalán pese a la victoria de CiU en las urnas, Esquerra tenía claro que quería inscribir en la abultada carpeta de atribuciones que recibiría Josep Lluís Carod-Rovira como vicepresidente la competencia sobre la acción exterior de la Generalitat. No era una cartera especialmente jugosa en cuanto a gestión de recursos, pero una vez ampliadas las competencias en el nuevo Estatut permitía hacer aquello por lo que ERC estaba en el Gobierno catalán: empezar a construir políticas de Estado.
Montilla sólo hizo entonces una salvedad: las relaciones con la Unión Europa -esto es, la gestión de petición de ayudas de los fondos europeos- que se reservó en exclusiva para él. Uno se quedaba con la proyección política; el otro, con el control sobre los recursos.
Desde entonces, la gestión de Carod-Rovira al frente de la política exterior de la Generalitat ha estado marcada por la polémica. En primer lugar, por su decisión de reordenar el caótico entramado de oficinas y agencias comerciales de la Generalitat para crear Delegaciones, con mayor rango político y aspiración de entrar a gestionar cuestiones como la inmigración en origen.
Aunque la auténtica polémica llegó cuando el vicepresidente catalán desató su afán viajero -se estrenó tres meses después de tomar posesión con un periplo por la India- y la oposición empezó a preguntarse por el coste de esos viajes y las nuevas «embajadas». Para conocer el coste de las dos primeras delegaciones de la Generalitat en Berlín y Londres, abiertas en 2007, hizo falta que los grupos del PP y Ciutadans en el Parlament presentaran sendas preguntas al respecto. La información llegó en enero de 2008, cuando se hizo público que la Generalitat tenía un presupuesto de 90.000 euros anuales para cada una de esas oficinas, destinados exclusivamente a alquiler, habilitación y mantenimiento.
Al margen quedan los sueldos del personal, de los que sólo se conoce el del «delegado» al frente de cada una de ellas: 88.000 euros anuales como corresponde a la categoría de director general. No ha sido posible saber de cuánto personal disponen estas delegaciones. Ni lo que cuesta ninguna de las «embajadas» abiertas por la Generalitat a partir de entonces.
Sin coste declarado
Durante el año pasado, Carod inauguró dos nuevas delegaciones, la primera de ellas en París, al frente de la cual el vicepresidente catalán puso a su hermano Apel.les Carod-Rovira. Tampoco ha sido posible saber cuánto cuesta la flamante sede de la Generalitat en el Rockefeller Center de Nueva York, aunque esa fue la primera pregunta que la Prensa dirigió al vicepresidente catalán cuando visitó la metrópoli norteamericana para inaugurar la «embajada». Algo que molestó tremendamente al vicepresidente catalán, como reconoció recientemente en el Parlament.
Eso sí, sabemos lo que costó ese viaje: 80.940 euros por un periplo en el que acompañaron a Carod el ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall y el ex presidente del Parlament Joan Rigol, además de la viceconsejera de Exteriores, Roser Clavell.
Un séquito reducido comparado con el que acompañó a Carod en la inauguración de la segunda sede catalana, Londres. El vicepresidente llegó a la capital británica acompañado por 17 altos cargos de la Generalitat, entre ellos el número tres del tripartito y conseller de Interior, Joan Saura. En total, 22.800 euros entre desplazamientos (4.627 euros), alojamiento (7.573 euros), alquiler de vehículos (5.499 euros), manutención (2.258 euros) y el catering de la inauguración (2.885 euros).
Las «embajadas», sin embargo, no han tenido coste político para Carod, puesto que la proyección exterior de Cataluña es una de las premisas de su partido en el Gobierno. Reciben fuertes críticas de la oposición, pero son su principal fuente de aplausos dentro de su partido. Mención aparte merecen los viajes del vicepresidente catalán, que en los últimos tiempos han sido cuestionados en los pasillos de la sede republicana.
El último de ellos -tres días de visita oficial a Cuba para inaugurar una exposición del Institut Ramon Llull- no se anunció hasta el último momento, pese a que dirigentes de ERC habían pedido a Carod que lo suspendiera para no encender los ánimos en plena crisis económica.
En abril, Carod visitó los proyectos de cooperación de la Generalitat en Mozambique: 52.122 euros. El periplo por Ecuador fue a priori más económico -43.665 euros- aunque no hay que olvidar la ayuda comprometida de un millón de euros de apoyo a un programa para fomentar el bilingüismo entre las tribus indígenas del Amazonas.
Todo ello sin el más mínimo atisbo de crítica pública del tripartito. ¿Defensa ciega de la acción exterior de la Generalitat o coste de la retirada por fases de Carod?

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