Actualizado Martes, 01-09-09 a las 18:53
Hace hoy justo cinco años que un comando checheno, formado por una treintena de extremistas, tomó como rehenes a todos los que se encontraban en el interior de la Escuela Número 1 de la localidad de Beslán (Osetia del Norte), en el Cáucaso ruso. La acción terrorista finalizó dos días después, el 3 de septiembre, en un espeluznante baño de sangre. Las fuerzas de seguridad rusas se lanzaron al asalto y la refriega acabó con la muerte de 334 personas, de las que 186 eran menores. Constituían casi un tercio de todos los rehenes apresados.
Como entonces, hoy comienza el año escolar en toda Rusia y, para evitar que se repita un nuevo Beslán, se ha reforzado el dispositivo policial en torno a todos los centros de enseñanza del país. Especialmente en el Cáucaso Norte, en donde en se ha desatado la peor ola de atentados terroristas de los tres últimos años.
Las madres de los niños muertos en aquella masacre, agrupadas en la organización denominada “La Voz de Beslán”, acaban de enviar una carta al presidente ruso, Dmitri Medvédev, solicitando ser recibidas. Las 254 firmantes de la misiva consideran que lo sucedido no está suficientemente investigado y no se ha hecho justicia. Piden además ayudas sociales, no sólo para ellas, sino también para las familias de otros rehenes que sobrevivieron, pero que sufren algún tipo de secuela física o psicológica.
Hace casi tres años, en diciembre de 2006, fue dado a conocer el resultado de la principal investigación, llevado a cabo por una comisión de las dos Cámaras del Parlamento ruso, y supuso un total espaldarazo a la torpe gestión de aquella terrible crisis por parte de las autoridades y de las fuerzas de seguridad rusas. Ambas quedan completamente eximidas de cualquier tipo de responsabilidad en la matanza.
Ella Kesáyeva, una de las dirigentes del comité de las madres de Beslán, considera que aquel informe se redactó especialmente para ocultar la incompetencia de quienes dirigieron la operación. Las madres lamentan que el actual primer ministro ruso, Vladímir Putin, entonces presidente, quede al margen de toda responsabilidad. Kesáyeva sostiene que los efectivos que tomaron parte en el asalto a la escuela para neutralizar a los terroristas emplearon “lanzallamas y tanques”, cuando la mayor parte de los secuestrados estaban todavía dentro del edificio. Era el tercer informe que se elabora en relación con la tragedia y ninguno ponía de manifiesto posibles negligencias. La Fiscalía General rusa consideró “correcta” la actuación de las unidades que tomaron parte en la operación.
El año pasado, Kesáyeva solicitó a la Fiscalía la apertura de un proceso penal contra Putin, a quien acusa de “asesinato, exceso en el uso de la fuerza, abuso de poder y negligencia”. Las madres han presentado además una querella ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo contra el Estado ruso por “violación de los derechos de los rehenes durante y después del atentado”. El 26 de mayo de 2006, fue condenado a cadena perpetua el checheno Nurpashí Kuláyev, el único participante en el secuestro de Beslán que quedó con vida. La aplicación de la pena de muerte está actualmente suspendida en Rusia por una moratoria.
El secuestro comenzó mientras los escolares y sus profesores participaban en la ceremonia de apertura del curso. Fue en ese momento cuando el comando irrumpió en la escuela y recluyó en el gimnasio a las 1.128 personas que asistían al acto, incluyendo a los familiares que acompañaban a sus hijos. El edificio fue sembrado después de cargas explosivas.
El fatal desenlace se produjo el 3 de septiembre. Una primera explosión, seguida de otra, pocos segundos después, desencadenó una estampida de niños semidesnudos, que fueron tiroteados por la espalda de forma inmisericorde por los terroristas. A continuación, comenzó un caótico asalto de las fuerzas especiales del Ejército y la Policía rusa, a los que también se unieron civiles armados

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